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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 62

Mientras pensaba esto, Ricardo miraba fijamente a Doris, observándola aplicar las agujas a Higinio con suma concentración, pero su corazón seguía lleno de desdén.

Según Patricio, ella no era más que una vendedora de remedios de un pueblo. Tantos médicos famosos de todo el mundo habían venido a examinar las piernas de Higinio, y ninguno dijo que tuvieran cura. ¿Y ella se atrevía a pensar que podía sanarlo?

¡Lo más probable era que dejara sus piernas en un estado aún más irreparable!

En cuanto no lograra curarlo, Higinio se daría cuenta de que no le servía para nada, ¡y seguro que dejaría de tratarla con tanta paciencia!

***

Tres horas después…

Doris retiró una por una las densas agujas de plata clavadas en la pierna de Higinio, le vendó la articulación de la rodilla con una gasa impregnada de polvo medicinal y, finalmente, se puso de pie y se estiró.

—La sesión de hoy está terminada.

Luego, miró a Higinio, cuya frente estaba cubierta de sudor, y admiró sinceramente su capacidad de aguante, pues el tratamiento era realmente doloroso.

«Sí», pensó, «digno del hombre con el que me voy a casar».

Higinio se secó el sudor de la frente y se masajeó la pierna. La rigidez que sentía antes en la rodilla parecía haber disminuido un poco.

—Si de verdad puedo recuperarme por completo en tres meses, ¿qué te parece si fijamos nuestra boda para entonces?

Doris, sentada en el banco de piedra, desinfectaba las agujas.

—Por mí está bien, solo espero que no te arrepientas cuando tus piernas estén curadas.

Sin embargo, no le preocupaba en lo más mínimo que Higinio se arrepintiera; ella siempre se guardaba un as bajo la manga.

—No digas tonterías —dijo Higinio con seriedad—. Eres la única para mí en esta vida.

Satisfecha, Doris guardó las agujas en su estuche una por una, con una sonrisa radiante.

Capítulo 62 1

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