Fátima fingió dar un paso atrás, asustada, y con cara de no entender nada, dijo:
—Cuñada, qué miedo das. ¿A propósito de qué? No sé de qué me hablas.
—¡Son tan crueles que quieren que Doris quede en ridículo delante de todas estas familias importantes! —dijo Tatiana—. ¡Como sea, Doris es tu hija biológica!
Las últimas palabras casi las gritó.
Al oírla, Fátima dejó de fingir y resopló.
—¿Hija biológica? Desde el momento en que firmó el acuerdo para romper lazos, ¡dejó de serlo! Ahora es tu hija y la de Felipe. Más les vale que la cuiden bien, no vaya a ser que recién llegada nos deje en vergüenza a toda la familia Palma. De lo contrario, me temo que ni el anciano la va a poder tolerar.
Dicho esto, regresó satisfecha al lado de su esposo, Julián.
Tatiana se sentía casi sin fuerzas. Se aferró con fuerza al brazo de su esposo.
—Voy a buscar a Doris ahora mismo para que se cambie ese vestido…
¡Aún debería estar a tiempo!
¡Mientras no llevaran el mismo atuendo, no se desataría el escándalo sobre cuál era el vestido auténtico y cuál la imitación!
Felipe la sujetó de la mano y asintió.
—De acuerdo, yo me encargo aquí mientras tanto.
Tatiana se abrió paso hacia la villa este, saludando cortésmente a los invitados que se cruzaba, mientras sacaba su celular y marcaba el número de Doris.
***
En el suntuoso salón de fiestas, los jóvenes herederos y las señoritas de sociedad, vestidos con sus mejores galas, se arremolinaron alrededor de Carolina en cuanto apareció, colmándola de elogios.
—¡Wow, Carolina, te ves espectacular esta noche! No solo a los hombres, hasta a mí, que soy mujer, me has dejado sin aliento.
—Llevo mucho tiempo deseando ese vestido, pero nunca pude conseguirlo. Resulta que tú lo tenías reservado.
—Pero es que un vestido así solo a ti, Carolina, se te vería tan bien.
Al escuchar tantos halagos, una sombra de presunción apareció en los ojos de Carolina.
Siempre había sido así. En cualquier evento donde ella estuviera presente, era el centro de atención.
Así que esta noche, aunque fuera la fiesta de bienvenida de Doris, no sería la excepción. ¡La protagonista sería ella!
—Si la trajeron de un pueblo perdido, ¿qué tan guapa puede ser? Seguro ni siquiera conoce las reglas básicas de etiqueta. ¿Y aun así le organizan una fiesta tan grande? ¿No temen hacer el ridículo?
—Es el clásico caso de querer aparentar lo que no son. Después de tanto tiempo en la pobreza, de la noche a la mañana se vuelven ricos y quieren que todo el mundo sepa que ya son de la alta sociedad.
—Je, je, seguro es esa mentalidad de nuevos ricos.
—Por suerte para ella, ahora es una heredera. No importa qué tan común sea, no le faltarán pretendientes ricos.
Ante estos comentarios, Carolina sorbió un poco de su vino tinto y sonrió sin decir nada.
—¿Por qué tarda tanto en llegar?
—De verdad que se cree una estrella, haciéndonos esperar a todos los invitados.
Carolina, sin embargo, sonrió y dijo:
—Al fin y al cabo, es la protagonista de la noche. Es natural que espere a que todos los invitados lleguen para hacer su gran entrada.
***

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