Amelia observó el mensaje que acababa de enviar y una sonrisa calculadora se dibujó en sus labios.
Por muy buena que fuera la relación entre Eleonor e Iker, ¿de qué servía?
Pocas mujeres podían mantener una confianza absoluta después de recibir una foto así.
Una vez que la semilla de la duda era plantada, no haría más que crecer y echar raíces.
Iker tampoco era una persona de muy buen carácter. Con el tiempo, la relación se enfriaría.
Además, si Iker mantenía a una mujer embarazada en el extranjero, ¡era poco probable que estuviera tan enamorado de Eleonor!
En ese caso… ella todavía tenía muchas oportunidades.
Al fin y al cabo, la naturaleza de un empresario es buscar el beneficio. Mientras Eleonor no pudiera volver nunca a la familia Estrada, ¡Iker sabría calcular perfectamente si le convenía más casarse con Eleonor o con ella!
Virginia entró por la puerta, también con un aire de regocijo.
—¿De verdad Iker tiene otra mujer?
Amelia agitó el teléfono.
—Si hasta enviaron la foto, ¿cómo podría ser falso?
Amelia había estudiado en el extranjero, precisamente en el país al que Iker había viajado esta vez.
En aquel entonces, mucha gente elogiaba a los hombres extranjeros por su atractivo, sus rasgos profundos y bien definidos.
Amelia, en desacuerdo, sacó una foto que le había tomado a Iker a escondidas años atrás. Tenía unos veinte años, en la flor de la vida, y con esa buena apariencia, deslumbró fácilmente a todo su grupo de compañeras.
Esta vez, fue una de esas compañeras que había visto la foto quien se encontró con Iker en el hospital, le tomó una foto y se la envió a Amelia.
Al oír esto, Virginia pensó por primera vez que esa tonta servía para algo y no escatimó en halagos.
—Tu círculo social es realmente amplio, tienes amigos en todas partes.
—Pues claro —respondió Amelia, como si Virginia estuviera diciendo una obviedad, con un tono algo despectivo—. Estas son cosas que se deciden desde el nacimiento.
Era una Estrada. Aunque no saliera de casa, si quisiera, podría tener amigos por todas partes.
Virginia tuvo que hacer un gran esfuerzo para no decir lo que realmente pensaba.
«¿Nacimiento?».
«¿Qué de todo lo que tienes ahora tiene algo que ver con tu nacimiento? ¿Te has creído tanto el papel de la señorita de mentira que hasta te has engañado a ti misma?».
Virginia ocultó su sarcasmo y preguntó:
—Por cierto, el mensaje que le enviaste a Fabián la última vez, ¿te respondió?
Tenía mucha curiosidad por saber si lo de Fabián por Eleonor era amor verdadero o simple afán de posesión.
—Cla…
Amelia estuvo a punto de responder, pero se detuvo de repente y preguntó con frialdad:
—¿Ahora tengo que informarte de cada uno de mis movimientos? ¿De verdad te crees la señorita Estrada?
***
Cuando Eleonor y Florencia regresaron al Chalet El Roble Dorado, ya había anochecido.
Florencia, preocupada por el estado de ánimo de Eleonor, no la había dejado conducir.
En cuanto estacionó el carro, se volvió de nuevo hacia Eleonor en el asiento del copiloto.
—¿Seguro que estás bien?
—Seguro que estoy bien.
Desde que salieron del hospital, Eleonor ya había respondido esa pregunta varias veces.
Al ver la evidente preocupación de Florencia, decidió no andarse con rodeos.
—Como tú dijiste, yo también creo que él no es ese tipo de persona.
Aunque, en el momento en que vio la foto, la primera emoción que sintió fue la duda.
Quizás era porque habían estado separados demasiados años, o quizás porque en todo este tiempo se había acostumbrado a tener siempre un plan B, pero se dio cuenta de que su confianza en Iker no era ni de lejos la que solía ser.



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