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Mi Marido Prestado romance Capítulo 734

Owen frunció el ceño y le indicó a su chofer que se orillara.

Ambos hombres bajaron de sus respectivos autos y se dirigieron hacia la sombra de los árboles junto a la acera.

—¿Me estabas esperando?

El tono de Owen era una mezcla de emociones.

Normalmente, su hermano y él mantenían su distancia, así que su aparición en ese momento no podía ser pura casualidad.

Cristhian, envuelto en un abrigo oscuro y con una mano en el bolsillo, mantenía una postura relajada pero que irradiaba un filo frío y amenazante.

Su actitud era radicalmente opuesta a la sumisión que siempre mostraba frente a Simona.

—Solo pasaba por aquí.

Su voz sonaba tan distante que era imposible descifrar alguna emoción en ella.

—Pero es cierto, quería hablar contigo.

Al verlo en esa faceta, Owen no se sorprendió en lo más mínimo.

Por el contrario, sintió un poco de curiosidad.

—¿De qué quieres hablar?

Se preguntaba genuinamente qué tema podrían tener en común.

Si era sobre la familia Fonseca, el asunto ya estaba zanjado; él era el indiscutible heredero.

Si era sobre cualquier otra cosa, desde niños jamás habían compartido ningún interés ni afición.

Cristhian lo miró de reojo y soltó con aparente desinterés:

—Sobre tu divorcio con Simona.

—Sé que no te hace gracia la idea de que nos divorciemos.

Al tocar ese tema, Owen se mostró un poco más amable con él.

—Pierde cuidado. Tu cuñada solo está molesta; cuando se le pase el enojo, seguirá siendo tu cuñada.

Podía imaginarse perfectamente lo que pasaba por la cabeza de Cristhian.

Desde que él se había casado con Simona, su hermano menor le había tomado un cariño entrañable.

Si llegaban a divorciarse, la relación entre ambas familias se vería fracturada y ya no sería tan fácil para Cristhian seguir viéndola.

Esa era la única razón lógica por la que estaba tan ansioso.

Un destello de burla fría cruzó por los oscuros y profundos ojos de Cristhian. Su voz sonó suave, casi etérea:

—Owen, qué equivocado estás.

Owen frunció el ceño, desconcertado.

Le estaba dando cierto margen de tolerancia, recordando que Cristhian había salido en defensa de Simona esa misma mañana.

Pero eso no le daba el derecho de entrometerse en sus asuntos personales.

—¿Ah, no?

Cristhian esbozó una sonrisa de medio lado. Su desprecio y frialdad eran evidentes.

—¿Acaso ya se te olvidó cómo lograste quedarte con el puesto de heredero de la familia Fonseca?

Owen se quedó petrificado.

En aquellos días, cuando su matrimonio con Simona se había arreglado, el título de heredero aún no estaba asegurado para él.

Al fin y al cabo, Cristhian era el único hijo de la actual señora Fonseca, Isabel Montiel, y contaba con el imponente respaldo de la familia Montiel.

Al final, fue Cristhian quien decidió dar un paso al costado.

Cristhian le había dicho que, con tal de que tratara bien a Simona, él se retiraría de la competencia.

Fue gracias a eso que los Montiel no intervinieron, dejando que los Fonseca tomaran su propia decisión.

—¿A dónde quieres llegar con esto?

Cristhian lo miró fijamente. Ambos medían casi lo mismo, pero en ese instante, Cristhian irradiaba un aura de superioridad aplastante. Su voz sonó perezosa pero firme:

—Tú fuiste quien rompió su promesa.

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