Al día siguiente, Amanda la esperaba desde muy temprano en la sala.
Al ver a Simona bajar las escaleras, se acercó de inmediato.
—Señorita Simona, Owen ya se enteró de su encuentro con Claudio Silva.
Simona frunció el ceño.
—¿Cómo lo supo?
Amanda negó con la cabeza.
—No tengo idea, pero esta mañana hubo revuelo en la familia Silva. Dicen que Owen los llamó anoche y que fue bastante agresivo con ellos.
La mirada de Simona se volvió gélida.
Owen estaba usando el apellido Fonseca para amedrentar a los Silva.
Como se negaba a firmar el divorcio y no podía controlarla, recurría a jugarretas sucias a sus espaldas.
Simona caminó hacia la ventana y marcó el número de Owen.
Él contestó casi de inmediato, sonando algo sorprendido.
—¿Simona?
—¿Estás en Aguamar? —fue directo al grano.
—Sí, estoy en la casa familiar, ¿tú...?
—¿Tienes tiempo libre al mediodía? —lo interrumpió—. Necesitamos vernos.
Evidentemente, Owen no esperaba que ella tomara la iniciativa. Hubo un silencio de dos segundos antes de que respondiera.
—Sí, tengo tiempo.
—Perfecto. A las doce, en El Manantial Dorado, a la vuelta de la casa.
Sin darle tiempo a decir más, Simona cortó la llamada.
Conocía perfectamente a Owen; era de los que no soltaban el hueso hasta conseguir lo que querían. En lugar de dejar que siguiera moviendo hilos en las sombras, era hora de enfrentarlo cara a cara.
Tomó las llaves del auto y salió.
Al estacionar frente a El Manantial Dorado, vio que alguien ya la esperaba en la entrada.
Owen llevaba un abrigo oscuro. Se veía mucho más demacrado que la última vez y tenía una sombra de barba de varios días.
Al verla, esbozó una sonrisa que no le llegó a los ojos.
—Simona, llegaste.
Ella lo ignoró olímpicamente y pasó de largo hacia el interior del restaurante.
Una vez en la mesa, Simona no perdió tiempo en cortesías. Disparó a matar.
—Owen, hoy solo vine a decirte una cosa.
Él se tensó en su asiento.
—Te exijo que dejes de utilizar a la gente y de interferir en mis relaciones personales.
Su voz no era un grito, pero la claridad de sus palabras cortaba como un cuchillo.

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