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Mi Marido Prestado romance Capítulo 771

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Claudio Silva tenía un excelente sentido de los límites. No hizo preguntas invasivas ni intentó forzar una intimidad que no existía.

Después de un par de tazas de té, Claudio adoptó una expresión más seria y miró a Simona a los ojos.

—Señorita Estrada, hay algo a lo que le he estado dando vueltas. Pensé mucho si debía decírselo o no, pero creo que tiene derecho a saberlo.

Simona sostuvo su mirada con sus ojos claros y penetrantes.

—Dígame.

—Anoche, Owen invitó a cenar a mi padre. Durante la velada, usted salió a colación.

El tono de Claudio era completamente neutro, como si estuviera dando el reporte del clima.

—Le dijo que ustedes solo estaban pasando por una crisis pasajera, que pronto arreglarían las cosas y que... esperaba que la familia Silva no se entrometiera.

Al pronunciar esa última frase, no había burla en su voz, sino un matiz de resignada ironía.

Los dedos de Simona se tensaron alrededor de su taza, pero su rostro permaneció impasible.

—¿Se lo dijo directamente a su padre?

Claudio asintió.

—Mi padre me llamó para contarme y me dejó la decisión en mis manos. Personalmente, me pareció un golpe bajo de parte de Owen, así que sentí que era mi deber informarle.

Simona dejó la taza sobre la mesa.

—Le agradezco su sinceridad, joven Claudio.

—Es lo mínimo.

Claudio se inclinó ligeramente para servirle más té.

—Y quiero agregar algo más: no me interesa lo que Owen le cuente a la gente. Solo me guío por lo que usted me diga. Si me dice que están en pleno proceso de divorcio, le creo ciegamente.

Simona alzó la mirada, evaluándolo con cierta curiosidad.

Claudio sostuvo el escrutinio sin titubear. Su postura era de absoluta transparencia.

—Así que, si usted solo quiere tomarse un café conmigo y dejarlo ahí, está perfecto. Pero si está dispuesta a que nos conozcamos mejor, sería un gran honor para mí.

Sus palabras fueron directas, sin juegos ocultos, pero con el máximo respeto.

Simona no pudo evitar sonreír.

—Su forma de hablar es muy distinta a la de nuestra primera cita.

—En la primera cita no quería parecer atrevido.

Claudio dio un sorbo a su taza y le devolvió la sonrisa.

—Pero creo que hoy ya podemos llamarnos amigos.

Simona no añadió más; simplemente degustó su té con tranquilidad.

Al revisar la hora, se disculpó y se levantó para irse.

Claudio la acompañó hasta la salida.

—Vaya con cuidado, señorita Estrada.

El primero era de Claudio: *La próxima vez, usted elige el lugar.*

Lo dejó en visto.

Los otros dos eran de Cristhian. Una foto y un texto.

La imagen mostraba un plato de deliciosos antojitos humeantes en un puesto de comida callejera.

Cristhian: *Hermana, los tamales de este lugar son increíbles. Tienen todo el sabor a barrio.*

Simona se quedó mirando la foto.

De pronto, recordó la vez que, muchos años atrás, se encontró a Cristhian comiendo en un puesto de la calle en Aguamar.

Él le había sonreído con esa chispa rebelde y le había dicho: *La comida de la calle tiene el verdadero sabor de la vida*.

Simona negó con la cabeza, esbozó una sonrisa nostálgica y le tecleó una respuesta.

*Cuidado con el estómago.*

Ella siempre había tenido un estómago muy delicado, por lo que rara vez pisaba un puesto callejero.

Cuando era niña y se antojaba de algo que vendían en la calle, los chefs de la mansión se desvivían buscando la receta para preparárselo en casa.

Era impecable, higiénico y casi idéntico al original.

Pero, si era honesta consigo misma...

Le faltaba ese calor de barrio.

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