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Mi Marido Prestado romance Capítulo 775

Al escuchar esto, Andrés Herrera se puso rojo de la rabia. Se acercó de un empujón y, señalando a Florencia Herrera con el dedo, le gritó.

—¡¿Qué carajos estás diciendo?! ¡Es tu hermano! ¡Tu propio hermano de sangre! Lo ves a punto de que lo maten y no quieres soltar un centavo. ¡¿Acaso no tienes corazón?!

—Si tengo corazón o no, es algo que tú mismo cuestionaste hace más de veinte años.

Florencia levantó la mirada hacia Andrés Herrera.

—Si de verdad te importa tanto, ¿por qué no lo detuviste cuando empezó a endeudarse?

Andrés se quedó sin palabras ante el reproche, pero enseguida volvió a alzar la voz.

—¡Es tu hermano!

—¿Y por eso me toca a mí pagar sus deudas?

Florencia no se inmutó. Su tono era plano, casi indiferente.

—Pregúntate a ti mismo: en todos estos años, ¿alguna vez le enseñaste lo que significa ser responsable?

La pregunta dio en el clavo. El rostro de Andrés se encendió de la vergüenza y, por un momento, fue incapaz de articular palabra.

Nina Herrera, a su lado, no paraba de secarse las lágrimas.

—Flori, hazlo por mí, por tu madre. Te prometo que no volveré a molestarte con esto, ¿sí? Tu hermano de verdad sabe que se equivocó...

Florencia guardó silencio.

El hombre de la chaqueta de cuero, que había estado observando aquel drama familiar, finalmente perdió la paciencia. Con un chasquido, cerró la navaja mariposa que tenía en la mano y dio dos pasos hacia Florencia.

—Señorita Herrera, sus problemas familiares me tienen sin cuidado. ¡A mí solo me importa el dinero! La deuda de su hermano, sumando el capital y los intereses, tiene que pagarse hoy. Si no lo hacen, la cifra solo va a seguir engordando.

No levantó la voz, pero su tono resultaba mucho más intimidante que los gritos de Andrés.

—Ya hice mis averiguaciones. Sé que es usted abogada y que le va bastante bien. Piense en algo, seguro que puede conseguir ese dinero.

—Si tengo o no el dinero es asunto mío.

Florencia le sostuvo la mirada sin titubear.

—Él contrajo la deuda, así que él es quien debe pagarla.

—Ahora mismo está quebrado.

El hombre de la chaqueta de cuero sonrió, dejando a la vista un diente de oro.

—En ese caso, tendrá que darnos otra cosa como garantía. Por ejemplo, me enteré de que el apartamento donde vive la señorita Herrera está en una zona muy exclusiva.

La expresión de Florencia finalmente se volvió fría.

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