Dos días después, en San Boreal.
Simona Estrada y Amanda apenas habían salido por la zona de llegadas del aeropuerto cuando una mujer vestida con un elegante traje sastre se les acercó con actitud entusiasta y muy respetuosa.
—Directora Estrada, soy la secretaria del señor Fonseca. Él tenía una junta muy importante esta mañana y no pudo desocuparse, así que me pidió que viniera a recogerlas. Ya la está esperando en la oficina.
—Muchas gracias por la molestia.
Simona se volvió hacia Amanda.
—Ve tú primero a la oficina del distrito.
Cuando el auto ingresó al estacionamiento subterráneo de la sede central del Grupo Montiel, ya estaba a punto de ser mediodía.
Simona siguió a la secretaria hasta el piso de la oficina de presidencia. Al abrirse las puertas del ascensor, coincidió con que Cristhian Fonseca justo salía de la sala de juntas.
Llevaba en la mano una carpeta con documentos recién firmados. Al verla, se acercó a paso rápido.
—Simona.
Tomó con total naturalidad el portafolios que ella llevaba en la mano y una sonrisa iluminó su rostro.
—Por fin llegaste.
Mientras hablaban, la guio hacia su oficina.
El lugar era luminoso y muy espacioso; lo único que desentonaba era su escritorio, que estaba un poco desordenado.
Cristhian no perdió el tiempo. Sacó una carpeta y fue directo al grano.
—Simona, este es el contrato que redactó el departamento legal anoche. Échale un vistazo.
Estuvieron reunidos durante casi una hora. Cristhian conocía todos los detalles del proyecto a la perfección, dejando claro lo mucho que le importaba.
Cada vez que Simona sugería alguna modificación, él respondía con una claridad y precisión impresionantes.
—En principio, me parece que no hay ningún inconveniente.
Simona cerró la carpeta.
—Le pediré a nuestro equipo legal que lo revise lo más pronto posible.
—Perfecto.
Cristhian miró su reloj.
—Ya es hora de almorzar. Hice una reservación en El Manantial Dorado, queda bastante cerca de aquí.
El restaurante estaba ubicado en un pintoresco callejón cercano a las oficinas principales del Grupo Montiel. Su patio interior estaba adornado con bambúes y flores de ciruelo, creando un ambiente absolutamente encantador.
—Las carnes asadas y los mariscos de este lugar son muy buenos —le dijo Cristhian mientras le pasaba el menú—. Revisa si se te antoja algo más.
Simona pidió un par de platos adicionales.
La comida no tardó en llegar; la presentación era exquisita y el sabor no se quedaba atrás.

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