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Mi Marido Prestado romance Capítulo 800

Florencia, que en ese momento estaba cambiándose los zapatos, miró a Benicio de reojo y respondió con cierta incomodidad:

—Le dije que no era necesario que me recogiera, pero él insistió.

Aunque sonaba a una queja, en cuanto terminó de arreglarse los zapatos, se hizo discretamente a un lado para darle espacio a Benicio, sin ningún gesto que sugiriera que lo estaba evitando.

Eleonor captó la indirecta y sonrió.

—Qué bueno que llegaron. La señora Castillo ya preguntaba por ti.

Mientras le tomaba el brazo a Florencia, miró de reojo a Benicio.

—Benicio, Iker está arriba en el despacho. Dijo que quería hablar contigo en cuanto llegaras.

Benicio sabía perfectamente para qué lo estaba citando.

El tema central tenía que ser Oliver.

El hecho de que el expediente de ese hombre estuviera tan inmaculado empezaba a volverse sumamente problemático.

Su mirada se posó por una fracción de segundo sobre Florencia antes de asentir.

—De acuerdo, iré a verlo.

Una vez que la figura de Benicio se perdió tras la curva de la escalera, Florencia tocó con suavidad el vientre de Eleonor y le preguntó en voz baja:

—¿Cómo está mi ahijada? Hoy fuiste a trabajar y encima organizaste tremenda cena, ¿no estás agotada?

—Para nada.

Eleonor la tomó del brazo para conducirla al interior.

—Yo solo doy las órdenes, las verdaderas responsables son la señora Castillo y Laura.

Mientras hablaban, ambas se sentaron en el sofá.

Eleonor le ofreció una taza de té y la observó detenidamente. Al notar que lucía completamente relajada, se animó a decir:

—La señora Estrada acaba de llamar. Dijo que ya viene en camino.

Tras hacer una breve pausa, mantuvo sus ojos fijos en Florencia.

—No te preocupes.

Florencia le dio un sorbo al té y respondió de forma casual.

—Si dije que no me molestaba que vinieran, es porque de verdad no me molesta.

Antes de organizar esa reunión, Eleonor le había marcado a Florencia específicamente para preguntarle si tendría algún problema en que Yolanda y los demás asistieran.

Le había dejado claro que, si se oponía, simplemente tendrían una reunión pequeña entre ellos.

Al fin y al cabo, para Eleonor, nadie allí era más importante que Florencia.

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