Nadie en la sala le prestó mayor atención a ese detalle.
Cristhian interactuaba bastante con los Estrada, por lo que era completamente natural que Eleonor supiera de él.
Rufino le entregó los regalos a los empleados con una sonrisa, salvo el último, que le ofreció a Eleonor.
—Este es el regalo de cumpleaños de Iker. ¿Se lo guardas?
—Claro, muchas gracias, Rufino.
Eleonor sonrió y sus ojos también se arquearon de alegría.
—En realidad, esto solo era una excusa para que todos nos reuniéramos. No era necesario que trajeran obsequios.
Rufino instintivamente levantó la mano con intención de acariciarle la cabeza, pero se contuvo antes de tocarla.
—Los regalos no pueden faltar, además, también trajimos uno para ti.
—¿Para mí también?
Eleonor se sorprendió y sonrió.
—Pero si todavía falta mucho para mi cumpleaños.
Rufino la miró con profunda ternura y respondió con calidez:
—¿Y quién dijo que solo se reciben regalos en los cumpleaños?
Cuando la familia Estrada llegó, Florencia se había ido a la cocina a ayudar a Laura.
Para el resto de los presentes, esto ya era algo normal.
El único sorprendido fue Cristhian.
Después de todo, Rufino solía ser la persona más inaccesible y fría, aunque a simple vista pareciera cordial. Ganarse su afecto era un verdadero desafío.
Y más aún, que alguien llegara a importarle tanto.
Pero, bueno, era de esperarse con Eleonor...
Pronto ella e Iker formarían una familia de tres.
Simona, al darse la vuelta, notó la expresión atónita de Cristhian.
Al seguir su línea de visión y darse cuenta de que observaba la interacción entre Rufino y Eleonor, negó con la cabeza en un gesto resignado, pero no le explicó nada en ese momento.
Poco después llegaron Álvaro y Natalia Osorio. Y tras ellos, hizo su entrada Alejandra Delgado.
Eleonor los fue recibiendo con perfecta naturalidad.
En un principio había pensado en hacer dos reuniones por separado.
Una para la familia Estrada, y otra con su mentor, Natalia, Florencia y Alejandra.
Pero la señora Castillo no quiso que se agotara organizando tantos eventos, por lo que decidió agruparlos a todos.
Mientras charlaba con la señora Castillo, Yolanda observaba la gran sonrisa de su hija y un sentimiento mezcla de orgullo y melancolía la invadió.
Su familia... realmente le debía un favor gigantesco a Iker.


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