A Adrián se le cerró la garganta; abrió la boca, pero no logró decir nada.
Aitana apartó la mirada con frialdad y dijo:
—Iré a ver a Nube. Ya te puedes ir.
Aunque no quería tener más tratos con él, pensar que Nube ya tenía 11 años y le quedaba poco tiempo de vida la dejaba sin opciones.
«A lo mucho, iré a Villa Bahía Dorada cuando Adrián no esté», pensó.
Unos días después, recibió una llamada de la señora de limpieza, diciéndole que Nube andaba muy decaído y que, como el señor Adrián no estaba, no había nadie que lo llevara al veterinario.
Sin pensarlo, Aitana manejó de inmediato hasta Villa Bahía Dorada. Al entrar, vio a Adrián sentado en el sofá, jugando con el gato, haciéndolo correr de un lado a otro con una varita de plumas.
Nube, pese a sus años, seguía saltando y corriendo con una energía sorprendente.
Aitana miró a la empleada, quien le dedicó una sonrisa de disculpa:
—El señor Adrián me contó que la hizo enojar mucho y quise ayudar tantito. Señora, ya vuelva a la casa. En todos los matrimonios hay pleitos, pero no duran para siempre. Últimamente el señor Adrián se queda dormido todas las noches en el sofá abrazando al gato.
Aitana no le contestó. Subió directamente a la recámara principal con la intención de llevarse las cosas que había olvidado la última vez.
Adrián se recargó en el marco de la puerta abrazando al gato. Mientras la veía guardar sus cosas, le hablaba a su "hijo":
—Mamá es muy fría, ¿verdad? Ni siquiera te saludó cuando entró.
—¿Crees que mamá ya no nos quiere?
—Ve y dile a mamá que la otra vez papá salió a conseguirle inversionistas, y que muy pronto podrá grabar su película.
Aitana se detuvo en seco al escuchar eso y se volteó hacia Adrián.
Él se acercó con el gato en brazos, dejó unos documentos sobre la maleta de ella y le dijo:
—El presidente Campos, de la productora Prontia Media, aceptó invertir en el proyecto.
Aitana sintió una mezcla de emociones al ver el contrato.
Hacía poco había recibido un guion excelente; un thriller realista. Se había obsesionado con dirigirlo y llamó a varios inversionistas uno por uno, pero en cuanto se enteraban de que era hija de Rafael, la rechazaban de inmediato.
Sin embargo, ella jamás le había comentado nada de eso a Adrián.
—¿Cómo te enteraste?

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