Al principio creyó que era el champú, pero después de acercarse a ella más de una vez, entendió que ese aroma era simplemente suyo.
En esa época se obsesionó tanto que mandó a comprar todas las marcas de champú y jabón del supermercado para olerlas una por una.
La conclusión fue: ninguna.
Ninguna olía como Aitana.
Después, en su cumpleaños, aprovechó para regalarle un perfume; le dijo que olía mal y que se lo pusiera todos los días.
Creía que con eso lograría tapar ese aroma que lo ponía mal y lo hacía soñar todos los días.
Adrián nunca olvidaría la reacción que tuvo ella:
Sus ojos se cristalizaron por un segundo, pero enseguida cambió de expresión, levantó la barbilla como una mujer orgullosa viendo a un plebeyo atrevido y le dijo:
—Gracias, pero no me gusta tu regalo.
Ese tono indiferente y esa obstinación suya, tan insoportable como adorable, lo
Después de eso, ella nunca usó el perfume, y él seguía percibiendo su aroma, que día tras día se hacía más intenso, hasta quedarse grabado en su memoria.
En ese momento, Adrián miró hacia el tocador y se dio cuenta de que Aitana no solo había dejado atrás ese perfume, sino también a él.
***
Últimamente, Aitana se había mantenido muy ocupada a propósito.
Arreglando el estudio, corrigiendo el guion, haciendo el storyboard... Se metió de lleno en la preproducción de su nuevo proyecto para no pensar en su mamá.
Pensaba esperar a sentirse un poco mejor para hablar del divorcio con Adrián, pero no contaba con que su suegra le llamaría primero para exigirle que fuera de inmediato a la casa de la familia Valiente.
***
Apenas Aitana cruzó la puerta, se escuchó el reclamo de Catalina Carmona:
—¿Por qué no nos avisaste del funeral de tu mamá?
Antes del accidente de su papá, Catalina siempre había sido muy linda con ella y hasta hacía lo imposible por juntarla con Adrián.

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