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Milagro y venganza, casada con el rival de mi ex romance Capítulo 36

Esa noche salimos de la fiesta de los Richmond con la intención de pasar inadvertidos, pero fue imposible. Apenas cruzamos la entrada principal, una multitud de paparazzi nos rodeó, cegándonos con los destellos de sus cámaras. Alexander me tomó de la mano con firmeza, protegiéndome, mientras los flashes iluminaban cada paso que dábamos.

—Señor King, ¿es cierto que está comprometido? —gritó uno.

—¿Aurora, por qué dejó de ser la pareja de Alan Harris? —preguntó otro con descaro.

No hubo respuesta. Alexander me abrió paso hasta el auto, su rostro era un muro infranqueable, impenetrable, mientras me cubría del acoso. Una vez dentro, la persecución no terminó; varios vehículos nos siguieron durante varios kilómetros hasta que por fin logramos despistarlos.

Al día siguiente, mi peor temor se hizo realidad. Desperté con el sonido insistente del teléfono y, al abrirlo, encontré decenas de mensajes con enlaces a noticias y portadas de revistas. Allí estábamos nosotros, en cada una de ellas.

—“La ex de Alan Harris ahora comprometida con el enigmático magnate Alexander King”.

—“¿Escándalo o amor verdadero? La historia detrás de la mujer que divide a la élite”.

Tragué saliva al leer los comentarios. Había quienes me llamaban arribista, quienes me insultaban sin piedad, otros inventaban historias que jamás habían sucedido.

—Están diciendo que soy una oportunista, Alexander… dicen cosas horribles de mí —le confesé mientras hojeaba uno de los diarios con las manos temblorosas.

Él, sin alterarse, dejó la taza de café sobre la mesa y me sostuvo la mirada.

—No dejes que eso te afecte, Aurora. Sabemos cómo son los medios. Y no voy a permitir que te destruyan con sus mentiras.

—Pero… —iba a protestar, sin embargo, su voz firme me interrumpió.

—He tomado la decisión de llevarte, junto con Max, a un lugar apartado. Mi refugio. Allí no podrán alcanzarnos, al menos hasta que hagamos oficial el compromiso. Estoy preparando una estrategia para contrarrestar todo esto. ¿Estás de acuerdo?

Me quedé en silencio unos segundos, intentando ordenar el torbellino de emociones. Finalmente, asentí.

—Muy bien, será como tú digas… lo único que me preocupa es la competencia del New York Fashion Talent. Está cerca y necesito trabajar en mis bocetos, pero supongo que regresaremos a tiempo.

Él sonrió apenas, como si hubiera previsto mi respuesta.

Mientras tanto, en otro punto de la ciudad, Alan perdía la calma. Había lanzado con violencia la revista contra la pared. Su rostro era una máscara de rabia cuando Karoline tocó la puerta.

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