—Tú ya sabías que ella y yo...
Nanette detuvo sus pensamientos.
—Las fotos de ella y yo en la entrada del hotel aquel día... ¿tú mandaste a alguien a tomarlas?
Nanette se limpió los restos de lágrimas de las mejillas y dejó escapar el aire pesado de sus pulmones.
—Yolanda fue quien contrató a alguien para que tomara esas fotos y luego me las mandó.
Nanette giró la cabeza y lo miró con una expresión desolada.
—¿Me crees?
Galileo frunció el ceño.
—¿Cómo crees que Yolanda haría algo así? Eso no le trae ningún beneficio.
Nanette sonrió con amargura.
—¿Cómo que no? El beneficio es deshacerse de mí y quedarse con mi lugar.
—Nanette. —Galileo soltó un suspiro de impotencia—. Yolanda jamás ha pensado en echarte de la casa, y mucho menos en reemplazarte. Es una mujer súper sencilla y transparente. Si quiere algo, lo dice de frente. No anda con juegos mentales ni dobles intenciones.
Además de reír con amargura, ¿qué más podía decir?
Nanette bajó la mirada, esforzándose por ocultar su tristeza.
«Ay, Nanette... Pobre Nanette», pensó. «Hace un momento todavía te hacías ilusiones de que podían ser un matrimonio de verdad, apoyándose mutuamente. Qué ridículo».
—Nanette, te juro que, desde que Yolanda logró embarazarse, no he vuelto a tener intimidad con ella.
Nanette cerró los ojos, sin ganas de hablar.
Galileo continuó justificándose con desesperación:
—Martino era mi hermano adorado. Solo acepté la petición de Yolanda por el gran cariño que le tenía a él. Solo lo hicimos para dejarle descendencia, nada más. Nunca hubo una infidelidad emocional de mi parte, yo...
«¿Hermano adorado? ¡Ja!», pensó Nanette. No tenía ni ganas de desenmascararlo.
Probablemente, a la única persona que Galileo amaba en el mundo era a sí mismo. En cuanto a su hermano, seguro sentía más envidia que cariño.
¿Hacerlo por amor a su hermano? ¡Por favor! ¡Hasta en eso seguía mintiendo!
¡Era más que obvio que el gran amor de su vida siempre había sido Yolanda!
¿Con qué cara se atrevía a decir que no era una infidelidad emocional? ¡Llevaba años engañándola con el pensamiento!
Si no fuera porque Yolanda se había enamorado de su hermano menor, Galileo seguramente habría hecho hasta lo imposible por casarse con ella.
—Galileo...
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