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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 392

Sonrió apenas, pero en la mirada traía un vacío que no se llenaba con nada.

—¿Darte tiempo para que luego vuelvas a lastimarme?

—No, yo...

—Galileo —lo cortó Nanette con dureza—. Hay cosas que es mejor no decir. Hay cosas que, cuando se pierden, se pierden para siempre. No van a volver a ti solo porque ahora las quieras o porque te hayas arrepentido. Además, ¿qué he hecho yo para merecer que una de las figuras más importantes de San Lirio se rebaje ante mí? Así que guárdate un poco de dignidad. No digas lo que no debes decir y no tengas ideas que no te corresponden.

La expresión de Nanette era fría y resuelta.

—En este mundo no existe el remedio para el arrepentimiento, así que... aunque estés arrepentido, guárdate esos pensamientos, porque no me interesa escucharlos.

Sus palabras dejaron a Galileo mudo. La poca esperanza que había en sus ojos se transformó en desesperación. Apretó la boca, y el aire entre los dos se puso pesado, como si ya no alcanzara para respirar.

—Galileo, de ahora en adelante, mientras menos nos veamos, mejor.

Dicho esto, Nanette dio media vuelta y comenzó a caminar. A los pocos pasos se detuvo. Sin mirar atrás, dejó escapar un leve suspiro.

—Galileo, aprende a leer mejor a la gente. No vaya a ser que te vean la cara y todavía les des las gracias.

Galileo salió de su abatimiento.

—¿Qué quieres decir?

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