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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 150

Anatolia venía de malas.

—¡Y yo qué voy a saber! ¡No me andes preguntando todo a mí! ¡Usa el cerebro, de perdido!

Ivón se quejó entre dientes.

—Pues si la que manda siempre es usted. Yo ya me acostumbré a hacer lo que me diga.

—¿Que estás acostumbrada a hacerme caso? Entonces, cuando dije que no, ¿por qué andabas friegue y friegue taladrándome?

—Pues por el bien de la familia. Esa mujer no sumaba nada; mejor que la sacaran.

—¡Pues órale, sácala tú! ¡Ya nos tiene agarradas del cuello; ahora vamos a tener que hacer lo que ella mande!

—¿Entonces qué hacemos?

Anatolia no le contestó y cerró los ojos lentamente.

Ivón puso los ojos en blanco y se quedó callada.

Poco después, Anatolia abrió los ojos de golpe, con una mirada retadora.

—En toda mi vida, nadie ha jugado conmigo.

***

Nanette regresó a Altavista Premier.

Al ver los golpes en la cara de Nanette, Melba se puso hecha un manojo de nervios.

—Señorita, ¿fue... fue Galileo quien le pegó?

Nanette negó con la cabeza. Le dolía el rostro y no tenía ganas de hablar.

—¡Entonces fueron las mujeres esas! ¡Señorita, no vuelva a poner un pie en esa casa, es un infierno!

Venancio sacó una botella de agua helada del refrigerador, la envolvió en una toalla y se la pasó a Nanette.

—Te dije que te revisara un doctor y te pusiste terca. ¿A quién saliste de necia?

Melba no cabía en sí de la preocupación.

—Señorita, ¿por qué no dejó que la revisaran? Con su embarazo, imagínese si le pasa algo, ¡qué haríamos!

—Aguanta. —Venancio se quedó pasmado—. ¿Qué acabas de decir? ¿Quién está embarazada?

Al darse cuenta de que había metido la pata, Melba trató de arreglarlo rápido.

—No, no, nadie. Escuchó mal.

Venancio arqueó una ceja.

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