Nanette recordó la escena en la habitación del hospital.
—¿No sienten que Luis hoy se aferró a la prueba de ADN, como si quisiera ocultar lo obvio?
Venancio asintió, dándole la razón.
—Mientras más intentan ocultar algo, más evidente se vuelve. Si el niño de verdad no es de Galileo, con el poder que tiene Luis, falsificar una prueba de paternidad es lo más fácil del mundo.
Camila no terminaba de entenderlo.
—Se supone que a estas familias ricas lo que más les importa es la sangre. Si la situación ya llegó a este punto, no entiendo por qué Anatolia se opone tanto a hacer la prueba.
Venancio fue directo al grano.
—No quiere hacer enojar a la familia Camoso. Además, ella misma fue quien organizó todo el asunto de la inseminación, ¿por qué dudaría de sí misma?
—El médico lo dijo con sus propias palabras —intervino Camila—. La calidad del esperma de Galileo no es suficiente para lograr un embarazo. Sumándole la actitud de Luis de hoy, siento que esto ya es un hecho.
»¡No manches! ¿Entonces resulta que el niño no es de Galileo? ¿Acaso le atiné? ¿De verdad le pusieron los cuernos?
Venancio le advirtió con seriedad.
—Es una sospecha, todavía no tenemos nada contundente. Si pudiéramos conseguir sangre del niño para hacer el análisis, sería lo ideal.
Dicho esto, miró a Nanette.
—Si no nos aventamos, no sacamos nada, ¿no?
Camila le lanzó una mirada fulminante.
—Con el relajo de hoy, ¿crees que va a ser tan fácil?
Sin embargo, Nanette había llegado a una conclusión.
—La neta, no estuvo tan mal que hoy se armara el desmadre. Así ya no tendré que seguir fingiendo con Galileo. Ahora que saben que los tengo en mis manos, se lo van a pensar dos veces antes de meterse conmigo y me dejarán en paz.
»Lo más urgente ahora es detener el desarrollo de su gran modelo para el sector aeroespacial.
—¿Y cómo lo vas a detener? —preguntó Camila—. Faro Tecnológico acaba de cambiar a todos los técnicos, ya no queda nadie de tu equipo. Te va a ser muy difícil conseguir el código de los datos, y, además, ni siquiera te van a dejar pasar de la puerta.
—Antes, Galileo había aceptado que entrara a la empresa como su secretaria —explicó Nanette—. En ese momento pensé en aprovechar la oportunidad, pero ahora veo que ya no hace falta.
Camila no entendía nada.
—¿Qué piensas hacer?
Nanette se acarició el vientre con lentitud.
—No olvides que yo fui la que le entendió al corazón de ese modelo.
Venancio soltó una carcajada de repente.
—¿De qué te ríes? —le recriminó Camila.
—Ahora entiendo por qué Noel y tú se llevan tan bien —le dijo Venancio a Nanette—. Los dos son unos genios y más listos que nadie. Cuando se trata de armar un plan, son unos cabrones.
»Por la cachetada de hoy, a Noel le va a hervir la sangre.
—¿A qué te refieres? —preguntó Nanette.
¿Qué tenía que ver Noel en todo esto?
—Muy pronto lo sabrás.
Nanette no insistió, pero de pronto recordó algo.
—Por cierto, ¿cómo es que llegaste de repente al hospital?
Ella solo había llamado a Camila.
Camila se había preocupado y por eso había ido.
Entonces, ¿por qué Venancio apareció de la nada en el hospital? ¿Y justo a tiempo en la habitación?
—Pues porque Noel me lo pidió.
¿Noel?
—Me dijo que viniera a echarte la mano.
Camila se quedó asombrada.
—¿Cómo sabía Noel que se iban a meter con Nanette?

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