Noel soltó una pequeña carcajada.
—¿No querrás decir más bien que si le estoy jugando al vivo con dos mujeres?
A Venancio la seriedad no le duraba ni tres segundos.
—No, no, eso suena muy feo. Jamás usaría una expresión así para mi querido Noelito.
Hubo un breve silencio en la línea.
—Sí, me preocupa un poco. Al final de cuentas, tiene que enfrentarse a mucha gente y a muchos problemas ella sola —admitió Noel.
—¿Te gusta? —preguntó Venancio.
—Ya te lo dije con toda sinceridad: me gustó en su momento.
—¿Y ahorita?
—Sé respetar los límites.
Venancio sonrió.
—Es justo la respuesta que esperaba.
Así era como ellos dos se entendían sin decir de más.
—Oye, pero suponiendo...
Venancio habló con un tono entre en broma y en serio.
—Si ella se llega a divorciar, ¿le puedo tirar la onda?
Noel no dudó ni un segundo.
—Estás en todo tu derecho.
—¿De verdad no te molesta?
—Si no eres tú, será otro. De hecho, prefiero que seas tú; al menos confío en que no le harás daño.
—¿Y qué hay de ti?
—Yo tengo mis responsabilidades.
—Te comprometiste para que tu mamá pudiera morirse tranquila. Si no hay amor entre ustedes, ¿qué caso tiene amarrarse a esa responsabilidad? Sería mejor que cada quien tomara su camino.
La voz de Noel seguía sonando serena.
—Le prometí a mi mamá que me casaría con ella y no pienso romper mi palabra. Además, a estas alturas, nuestra boda ya involucra los intereses de ambas familias. No es tan fácil echarse para atrás.
—¿Entonces piensas tirar a la basura toda tu vida solo por los negocios familiares?
Noel se quedó callado un momento.
—Ya veremos.
Venancio no quería seguir con esa plática.

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