Los ojos medio cerrados de Anatolia brillaron con astucia.
—Me parece que tendré que intervenir yo misma y tener una plática muy seria con ella.
A Nanette le sorprendió bastante recibir una llamada de Anatolia.
—Necesito hablar contigo —le dijo la anciana al teléfono.
Nanette no tuvo que pensar mucho para saber de qué se trataba.
—Cualquier tema sobre el divorcio, dígale a Galileo que me busque a mí.
—Yo hablaré contigo en su representación.
—No pienso hablar con usted.
A Anatolia le molestó muchísimo su actitud tan cortante.
—Nanette, te recuerdo que, por ahora, sigues siendo la esposa de un Godoy.
—¿Creí que el otro día usted misma había dado la orden de que ya no pertenecía a la familia Godoy? —respondió Nanette con ironía.
Anatolia se quedó sin palabras por un buen rato.
—Más te vale que vengas a verme ahora mismo.
Nanette simplemente le colgó.
Anatolia casi aventó el teléfono de pura rabia.
Ivón no tardó en echarle más leña al fuego.
Quería que Anatolia le ayudara a desquitarse por la forma en que Nanette la ignoró.
—Ya viste, mamá. A esa mujer le vales un reverendo cacahuate, ni siquiera te respeta.
Anatolia se quedó pensando unos segundos y, de repente, sonrió con malicia.
—Ya veremos si tiene tantas agallas.
Dicho eso, redactó un mensaje de texto y se lo envió a Nanette.
Nanette estaba platicando con Guillermo cuando, de pronto, sintió una punzada de angustia al leer el mensaje.
El texto decía: [Si no quieres que te arme un escándalo en la habitación, delante de tu papá, más te vale que vengas a verme ahorita.]
Nanette sonrió con amargura.
La vieja astuta sabía perfectamente dónde darle para lastimarla.
Al verla tan pensativa, Guillermo le preguntó:
—¿Pasa algo, hija? ¿Quién te mandó mensaje?
Ella guardó el celular, fingiendo que no pasaba nada.
—Ah, es solo publicidad del banco. Me quedé pensando en otras cosas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó