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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 164

En el estudio de la familia Godoy.

Luis estaba lívido de coraje. Levantó la mano y golpeó el escritorio con tremenda fuerza.

Anatolia se pegó un susto; quiso decir algo, pero optó por quedarse callada.

Perder miles de millones de pesos de golpe haría enfurecer a cualquiera.

De repente, una expresión de pura crueldad cruzó por el rostro de Luis.

—Doña Anatolia, creo que la esposa de tu nieto ya no puede seguir en la familia Godoy. Y si no se va, al menos hay que mandar a alguien a que le dé una buena lección.

Anatolia sabía perfectamente que Luis era un hombre despiadado, por lo que no pudo evitar sentir un escalofrío.

—Es mejor actuar con cuidado. Esa mujer sabe demasiadas cosas sobre nuestra familia.

La mirada de Luis se volvió letal.

—Entonces, por qué no...

A Anatolia le dio un vuelco el corazón.

—¡Por supuesto que no! Si esto se sale de control, ninguna de nuestras dos familias va a poder manejar las consecuencias.

Luis seguía hirviendo de coraje.

—Mejor eso a dejar que ande por ahí abriendo la boca y arruine el prestigio de los Godoy, y de paso la reputación de Yolanda.

Anatolia se mostró contrariada.

—Yo pensé que Guillermo ya no la iba a contar y que esa mujer se quedaría completamente desamparada. Quién iba a decir que de la nada le iban a saltar un montón de amigos dispuestos a dar la vida por ella.

»Con mayor razón no podemos actuar por impulso, no vaya a ser que nos echemos de enemigo a alguien que no debemos.

Entre más lo pensaba, más le hervía la sangre a Luis.

—Perdí una fortuna a lo tonto. ¡No me puedo quedar de brazos cruzados!

—¿Y qué propones entonces? —replicó Anatolia—. Además, ni siquiera tenemos pruebas de que esto sea obra de esa mujer.

Luis soltó un bufido de desprecio.

—¿Y quién más podría ser? Por lo que escucho, parece que Doña Anatolia ahora se puso del lado de esa mujer.

Anatolia no estaba tan senil como para dejarse llevar.

—Con semejante golpe económico, dudo mucho que Luis se quede de brazos cruzados. Tengo miedo de que haga alguna locura ilegal.

A Ivón no le importó.

—Y a nosotras qué nos importa si hace algo ilegal. Si llega a pasar algo, simplemente nos lavamos las manos y ya.

Anatolia le dedicó una mirada de reproche.

—Con los lazos que unen a nuestras familias ahora, ¿de verdad crees que va a ser tan fácil lavarnos las manos?

—Pues si Luis se empeña en hacer algo, ¿crees que vamos a poder detenerlo? —dijo Ivón—. Yo digo que ya hace falta que le den una buena lección a esa mujer, a ver si así se calma un poco. Solo mírale la actitud, ya se siente intocable.

»Hoy en el hospital me la topé en el pasillo. ¿Y qué crees? La muy descarada ni los buenos días me dio, me ignoró olímpicamente como si yo estuviera pintada en la pared y pasó de largo.

Anatolia, siendo más calculadora, analizó la situación.

—El problema es que, si ella no se deja intimidar, nosotras vamos a quedar arrinconadas.

Ivón montó en cólera.

—¡Pues no podemos permitir que esa estúpida nos siga pisoteando y haciendo lo que le da la gana! Yo no me pienso tragar este coraje.

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