—¿Hacer qué? —preguntó Galileo.
Ivón bajó la voz.
—Ahora que la familia Camoso está en la ruina, lo de tu boda con Yolanda... Galileo, en este momento lo mejor sería cortar todo vínculo con los Camoso, de lo contrario nos meteremos en un problema enorme.
Galileo soltó un bufido.
—¿Cortar vínculos? ¿Cómo sugieres que lo haga?
Ivón lo pensó por un momento.
—Ay, el problema es que tienen a Mateo... Después de todo, Mateo lleva tu sangre. Si intentamos quedarnos con el niño y deshacernos de la madre justo ahora, la gente va a hablar muy mal de nosotros.
¿Quedarse con el niño y deshacerse de la madre?
Galileo realmente admiraba a su madre.
Era más fría que él.
Cambiaba de opinión con una facilidad asombrosa.
Todo lo hacía por interés, sin una pizca de empatía.
—Gali...
Una voz ronca y llena de lágrimas interrumpió la conversación.
Ivón forzó una sonrisa al instante.
—Yolanda, querida, ¿por qué no descansas un poco más?
Yolanda tenía los ojos hinchados de tanto llorar.
—Escuché que Gali había llegado, así que vine a verlo.
Ivón le lanzó una mirada a Galileo.
—Bueno, no los molesto más. Hablen tranquilos.
Yolanda se quedó de pie en su lugar.
—Gali...
Esa forma de llamarlo y su tono suplicante empezaban a irritar a Galileo, pero no perdió los estribos.
—¿Quieres ir a dormir un rato más?
Yolanda apretó el borde de su camisa, con aspecto desamparado y vulnerable.
—¿Averiguaste algo sobre lo de mi padre?
—Me dijeron que está involucrado en demasiados casos y que por ahora no permiten visitas —respondió Galileo.
Las lágrimas de Yolanda no tardaron en brotar.
—¿Entonces qué vamos a hacer? ¿Le pasará algo malo a mi papá?
—Yolanda —dijo Galileo, fingiendo un suspiro—. Me temo que esta vez, tu padre...
Yolanda tambaleó un par de pasos.
—¿De verdad no hay nada que podamos hacer?

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