—¿Viniste hasta acá solo para regañarme en nombre de Venancio?
Nanette se quedó pasmada.
En todos los años que llevaban de conocerse, Camila jamás le había hablado con ese tono.
Quedaba claro que su enojo no tenía nada que ver con Venancio.
Nanette fue directo al grano.
—¿Es por lo de la competencia internacional?
Todo el trabajo preliminar lo había hecho el equipo de Camila, pero fue Nanette quien completó el núcleo de la investigación.
Aunque era un triunfo del equipo, el foco de atención se lo llevó Nanette.
Era ella quien estaba bajo la luz de la gloria.
Y eso, lógicamente, podía causar resentimiento en los demás.
Camila se enderezó en el sofá y apoyó la espalda.
—Nanette, me estás subestimando demasiado. Esa gloria, esa fama, a mí no me importan en lo absoluto.
¿No era eso?
Nanette la miró fijamente.
Pequeños detalles del pasado comenzaron a encajar en su mente.
—Entonces, ¿qué es lo que te importa?
Camila se quedó paralizada por un instante.
Como si procesara la pregunta o como si su mente estuviera divagando.
Después de un silencio cargado de tensión, respondió:
—No lo sé.
—Noel.
El nombre salió disparado de la boca de Nanette y el rostro de Camila se llenó de pánico.
Aunque intentó ocultarlo, Nanette lo notó perfectamente.
Así que era eso.
Esas miradas extrañas que a veces le notaba a Camila no eran imaginaciones suyas.
Qué bien.
Saber la verdad era mejor que vivir con dudas.
—Estás enamorada de Noel.
Camila intentó desesperadamente disimular su nerviosismo.
—Nanette, ¿qué cosas dices? ¡Cómo me va a gustar Noel! ¡Si él está comprometido!
Tanto esfuerzo por ocultarlo solo confirmaba sus sospechas.
Ya no había espacio para la duda.
Nanette se sentó frente a Camila.
Las dos quedaron cara a cara.

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