En cuanto soltó esas palabras, Camila se arrepintió.
Ahora sí, todo el secreto se había ido por la borda.
Intentó retractarse torpemente.
—No, ¿cuál boda? Me equivoqué, lo que quise decir fue...
—Camila.
Nanette ordenó sus pensamientos, manteniendo su mente fría y clara.
—No eres buena mintiendo. Y yo... no soy tan fácil de engañar.
Camila esbozó una sonrisa amarga.
—Sé que eres lista, tan lista que a veces me das envidia. Siempre he pensado que eres la favorita del destino. Eres hermosa, brillante; hagas lo que hagas, destacas. Hasta en cosas que no dominas, basta que le eches un vistazo para aprenderlo...
—Te equivocas, no soy la favorita de nadie —la interrumpió Nanette—. Si lo fuera, no habría tenido que soportar la vida que me tocó en la familia Larco.
Sintió una dolorosa punzada en el corazón.
—Si fuera tan afortunada, no habría perdido a mi madre biológica apenas la encontré.
»Si fuera la favorita de Dios, no estaría aún sin saber si mi verdadero padre está vivo o muerto.
»Y si el destino me quisiera tanto, no habría sufrido tres años de dolor y humillación en la familia Godoy.
Camila sintió que se le encogía el pecho.
—Lo siento.
Nanette sonrió con suavidad.
—Soy una persona común, igual que tú. Solo que tal vez tengo algo más de facilidad en mi área. Pero eso no significa que tú no seas igual de brillante e increíble a tu manera.
»Así que, Camila, no me tengas envidia. Al contrario, soy yo la que debería envidiarte a ti.
»Tienes una familia unida, unos padres que te aman, eres libre y espontánea. De verdad lo envidio.
Ambas se miraron a los ojos durante varios segundos.
Las emociones se arremolinaban en el aire.
Camila curvó los labios y soltó una pequeña carcajada.
—Está bien, te diré la verdad.
Había guardado ese secreto por demasiado tiempo y ya estaba exhausta.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó