—Quizás nuestra amistad realmente haya llegado a su fin.
—¿Por mi culpa?
Nanette lo miró estupefacta. —Tú...
—Lo sé.
Nanette no salía de su asombro. —¡¿Lo sabías?!
—Sí, lo sé.
Nanette aún no podía asimilarlo. —¿Qué es lo que sabes?
Noel le tomó la mano y la envolvió entre las suyas.
Sus manos siempre eran cálidas, y ese calor lograba llegar hasta el fondo de su corazón.
—Sé que yo le gustaba.
Nanette se quedó perpleja. —¿Cómo te diste cuenta?
—Por la forma en que me miraba.
Noel curvó los labios en una sonrisa cargada de infinita ternura.
—¿Acaso creías que soy como cierta personita que, a pesar de que fui tan obvio, nunca se dio cuenta de lo que sentía?
Nanette le dio un golpecito en la mejilla.
—Vaya, eres el Tercer Joven Amo de Puerto Alba, el único heredero del clan Cortés. Un simple estornudo de la familia Cortés y todo Puerto Alba tiembla de miedo. ¿Y yo qué soy? Solo la hija desterrada de la familia Larco, la esposa repudiada por la familia Godoy. ¿Cómo podría alguien como yo atreverse a creer que se ganaría tu corazón?
Noel la rodeó con sus brazos, hundió el rostro en su cuello y susurró cerca de su oído.
—Menos mal que la familia Godoy te echó; si no, ¿cómo habría podido encontrarme semejante tesoro? Viéndolo bien, hasta debería darle las gracias a Galileo Godoy. Si él no te hubiera tratado tan mal, nunca habrías perdido la esperanza y yo jamás habría tenido la oportunidad de hacerte mía.
Nanette encogió el cuello, sintiendo un cálido cosquilleo en el corazón.
—Ay, me haces cosquillas.
Noel inclinó la cabeza y depositó un beso en su cuello.
—Te contaré un secreto, ¿quieres escucharlo?
—¿Qué es?
—La verdad es que, cuando me enteré de tu divorcio, me pasé varios días saltando de alegría a escondidas.
Nanette no pudo evitar reír.

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