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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 1239

Incluso la compra del apartamento. Aunque no estaban físicamente en la ciudad, usaron sus contactos para dejar todo arreglado.

Había que admitirlo: el estilo de la familia del Jefe del Estado Mayor era la eficiencia pura.

Nanette por fin conoció a Daniela.

Cuando llegaron, Daniela estaba en la cocina con un delantal puesto. Aún no habían contratado personal de servicio, así que ella misma estaba preparando la cena.

Para sorpresa de Nanette, no hubo ni una pizca de incomodidad en el primer encuentro.

La saludó con una voz dulce.

—Señora Daniela.

La mujer, aunque madura, poseía una figura elegante, una presencia serena y un carisma que inspiraba confianza al instante. Fabián era idéntico a ella, compartía esa belleza natural, aunque su expresión solía ser más severa debido a la influencia militar de su padre.

Daniela se desató el delantal y, sin previo aviso, rodeó a Nanette en un abrazo lleno de calidez.

—Mi niña, cuánto has sufrido.

Nanette se quedó congelada por un segundo, abrumada por el inesperado afecto.

Fabián rio suavemente.

—Mamá, es la primera vez que te ve. Si la abrazas así de la nada, la vas a asustar.

Antes de que Daniela pudiera responder, una voz profunda y autoritaria resonó en el lugar.

—¡La hija de Remigio Vidal no se asusta con nada! ¿Olvidaste que te conté cómo se metió a la boca del lobo para salvar una vida?

—No lo he olvidado, papá —respondió Fabián—. Es muy valiente.

Nanette tuvo que morderse el labio para no reírse. Parecía que la estuvieran elogiando como a una niña pequeña que acaba de hacer una gracia.

Daniela la soltó suavemente.

—No sabía cuáles eran tus platillos favoritos, así que preparé de todo un poco. Cuando tengas tiempo, ven a visitarnos más seguido para conocer bien tus gustos.

Nanette apenas abrió la boca cuando su padre se adelantó con tono imperativo:

—¿Cómo que «cuando tenga tiempo»? ¡Se queda a dormir hoy mismo! Y no solo hoy, se quedará unos días para disfrutar como una verdadera familia.

Daniela le lanzó una mirada de reproche.

—Nanette se quedará donde ella quiera, no tienes derecho a obligarla. Apenas te acabas de reencontrar con ella y ya quieres darle órdenes como si estuviera en el cuartel. Si la asustas y no quiere volver, te las verás conmigo.

Nanette aprovechó la pequeña disputa para entregarle la bolsa a Daniela.

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