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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 430

La frialdad de esas palabras dejó a Dina petrificada.

—Gali... ¿qué... qué quieres decir?

Galileo la miró de arriba abajo con total indiferencia.

—La abuela falleció.

Dina se quedó en blanco por varios segundos.

—¿A dónde fue? ¿Se regresó a su finca? ¿Por qué se fue ahora? ¡Si yo todavía sigo aquí adentro! ¿Ya no piensa ayudarme?

—Dina... —La mirada de Galileo era de puro hielo—. La abuela está muerta. Y todo es... ¡por tu culpa!

Fue como si a Dina le hubieran arrancado el alma del cuerpo.

—¡No! ¡Eso es imposible! Ella estaba perfectamente sana. ¡No puede estar muerta!

Galileo le hizo una pequeña seña a Silvio, su asistente.

Silvio dio un paso adelante.

—Señorita Dina, la Matriarca en efecto falleció. Hace unos días se llevó a cabo el funeral.

Dina rompió en un llanto histérico.

—¡No puede ser! ¡Es mentira! ¡No lo creo!

—Cualquier persona que lea las noticias se lo puede confirmar —continuó Silvio de manera profesional—. Durante los últimos días, los titulares sobre la muerte de su abuela han estado por todas partes.

La mente de Dina era un torbellino de confusión y terror.

—Gali... ¿cómo... cómo murió?

Los ojos de Galileo se oscurecieron.

—El escándalo que causaste fue demasiado para ella. Le provocó un ataque al corazón fulminante. ¡Así que tú la mataste!

Dina se quedó paralizada y, al segundo siguiente, empezó a gritar como una desquiciada.

—¡No! ¡Me estás mintiendo! ¡No es cierto! ¡Yo no la maté!

Los guardias, al ver que la detenida perdía el control, intervinieron rápidamente.

—Reclusa, siéntese ahora mismo y cálmese. Si no lo hace, daremos por terminada la visita.

Dina se obligó a sentarse, temblando de pies a cabeza.

—¡Gali, es una broma pesada, ¿verdad?! Estás haciéndome esto para darme una lección porque cometí un error muy grave, ¿cierto?

Galileo la fulminó con la mirada.

—No tengo la menor necesidad de bromear con algo así.

Dina giró el rostro hacia Silvio, mirándolo con ojos suplicantes. Desesperada por escuchar que todo era una pesadilla.

Silvio sintió un dejo de compasión al ver esos ojos aterrorizados.

—Señorita Dina, mi más sentido pésame.

La última chispa de esperanza que quedaba en el interior de Dina se extinguió.

¿Cómo había pasado esto?...

¿Cómo...?

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