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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 429

Camila apenas estaba metiendo la llave en el encendido de su auto cuando alguien se plantó de golpe frente al cofre.

Era Venancio.

Se miraron fijamente a través del parabrisas durante unos segundos.

Resignada, Camila apagó el motor y bajó la ventanilla.

—¡Venancio Lenso, si te quieres morir, vete a tirar a otro lado!

Él ignoró la amenaza, rodeó el auto, abrió la puerta del copiloto y se dejó caer en el asiento. Ajustó el respaldo hacia atrás con lentitud, se estiró como un felino y, después de toda esa ceremonia, habló con un tono glacial.

—En toda mi vida, eres la primera persona que se atreve a ponerme una mano encima.

En el fondo, Camila ya se sentía un poco culpable.

Sabía que había actuado por impulso, pero su orgullo le impedía disculparse.

—¡Pues devuélveme el golpe y ya! ¡Pégame y lárgate de mi auto!

¡Tsk!

Venancio se inclinó hacia ella, con el ceño fruncido.

—¿Acaso tragaste dinamita hoy? ¿Qué demonios te hice?

Pero al recordar las palabras de Nanette, decidió ceder un poco.

—Mira, me equivoqué hace rato. No debí abrir la boca frente a Nanette. Pero sabes que no lo hice con mala intención. Pensé que, como estamos en confianza, era solo una broma.

Camila bajó la cabeza, en completo silencio.

Tenía el estómago revuelto. Un remolino de emociones la asfixiaba.

Sabía que Venancio solía ser un bocón, y que así se la pasaban peleando siempre. Eran amigos.

Pero hoy algo se rompió. No sabía por qué había estallado así.

Y no, no lo había estado evadiendo por la razón que él creía.

Lo evitaba porque...

Porque le aterraba que Venancio destapara frente a Nanette los secretos que realmente guardaba en su corazón.

Venancio volvió a recargarse en su asiento, marcando distancia.

—¿Qué? ¿Te da miedo que vaya y le cuente a Nanette todo lo que guardas ahí adentro?

Camila se paralizó.

Un «sí» se quedó atorado en su garganta.

Venancio la miró de reojo, con una sonrisa cínica.

—Señorita Mancilla, te aseguro que no tengo tanto tiempo libre como para andar de chismoso.

—Tú siempre tienes demasiado tiempo libre —masculló ella, a la defensiva.

Los ojos de Venancio se afilaron.

—Deja de actuar como si estuvieras a punto de explotar en cualquier momento. ¿No podemos hablar las cosas como adultos? ¿Somos amigos o qué?

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