Durante toda la preparación de la cena, ambas solo hablaron de recetas y técnicas de cocina.
Sobre el matrimonio de Nanette, Daniela de Vidal no pronunció ni una sola palabra.
Sabía perfectamente que el nombre de «Noel Cortés» era el tema más sensible para ella en ese momento.
Nanette no era tonta; se daba cuenta de que la esposa de su padre estaba evitando el tema a propósito, y eso solo hizo que sintiera aún más aprecio por ella.
Cuando la cena estuvo lista, Daniela fue al estudio para llamar a padre e hijo.
Al ver la mesa repleta de comida, Fabián Vidal sonrió.
—Mamá, hace mucho que no preparabas tantos platos.
Daniela ayudó a Nanette a desatarse el delantal y miró a Remigio Vidal.
—Esa botella de vino que guardaste durante tantos años y que nunca quisiste abrir... ¿hoy por fin te animaste?
Remigio sonrió.
—Hoy es un día feliz, la familia está reunida. Al fin le daremos un buen uso a este vino.
Fabián le cedió su lugar junto a su padre a su hermana.
—Yo acompañaré a papá con el vino.
Nanette se sentó junto a Remigio.
—Papá, no tomes demasiado.
Remigio le acarició la mejilla con suavidad.
—Desde la última vez que te vi, ¿has perdido peso?
Contra su piel de porcelana, Nanette pudo sentir la textura áspera de la mano de su padre.
De pronto, sintió una punzada de ternura hacia él.
—Papá, debes estar recordando mal, he subido de peso desde la última vez.
—Más te vale que sea mi memoria —replicó Remigio—. Si me entero de que la familia Cortés no te ha estado cuidando bien, les tumbo la casa entera.
Nanette lo miró con fingido reproche.
—Ya vas a empezar.
Su padre siempre tenía esa manera tan imponente y sobreprotectora de demostrarle su amor.
Nanette apenas había tomado sus cubiertos cuando sonó su teléfono.
Era Joaquín Cortés.
Se apresuró a contestar.
—¿Bueno, papá?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó