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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 644

Sus labios se unieron al instante.

La familiar y electrizante sensación arrasó con el cerebro de Nanette. La intensidad con la que él la asaltó hizo que toda su voluntad se desmoronara en cuestión de segundos.

Cerrar los ojos y dejarse llevar era lo único que deseaba hacer en ese momento.

Como dos viajeros perdidos en el desierto que por fin encuentran un oasis, se besaron con una sed salvaje, como si quisieran fundirse el uno en el otro.

Cuando finalmente se separaron, los labios de Nanette estaban rojos e hinchados.

Se tocó la comisura de la boca, donde aún perduraba el sabor de él.

—Tú... ¿no decías que no podías intentar nada?

Noel curvó los labios en una sonrisa de triunfo, como un cazador que acababa de atrapar a su presa.

—Solo dije eso, pero para besarte siempre tendré fuerzas. Lo que no puedo es hacer otra cosa.

Nanette le dio un golpecito en el brazo.

—No te soporto.

Se metió bajo sus cobijas y se tapó hasta la cabeza para ocultar lo alterada que estaba.

Noel se acercó para acomodarle bien la cobija.

—Duerme ya. Buenas noches.

La voz de Nanette salió amortiguada desde debajo de la tela.

—Buenas noches.

Poco después, se escuchó el sonido de una respiración tranquila. La chica que supuestamente iba a quedarse a cuidarlo, ya había caído en un profundo sueño.

El hombre se deshizo de su propia cobija, levantó un borde de la de Nanette y se metió con ella.

La chica, aún dormida e inconsciente, se movió ligeramente buscando el calor de su cuerpo.

Noel deslizó un brazo debajo de su cuello y la estrechó con fuerza contra su pecho.

En ese momento, no sentía deseo carnal, solo una necesidad imperiosa de tenerla entre sus brazos, de no dejarla ir.

Tenerla así, acurrucada junto a él, era el mejor somnífero del mundo.

Al día siguiente.

Nanette despertó y se dio cuenta de que el hombre ya no estaba a su lado.

—¿Noel? —lo llamó por instinto, con una voz cargada de pereza y un toque de ternura.

Al no obtener respuesta, se levantó de la cama, caminó hacia la sala y lo encontró sentado en el diván reclinable junto a los enormes ventanales, con la laptop sobre las rodillas.

En la pantalla corrían líneas y líneas de complejos códigos de programación.

Se acercó a él.

—¿Trabajando tan temprano?

Noel palmeó el espacio vacío a su lado.

—Nada importante, solo revisando unas cosas.

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