Nanette aceptó.
En el fondo, sabía que ya no tenían mucho de qué hablar.
Pero Venancio Lenso seguía siendo el punto de conexión entre ambas, y Nanette no podía simplemente ignorar la situación de su amigo.
Quería aprovechar la oportunidad para hablar las cosas claras con Camila.
Camila la esperaba en una cafetería no muy lejos de Maravilla Encantada.
Cuando Nanette llegó, ya llevaba cinco minutos de retraso.
Camila estaba sentada en silencio en un rincón, carente de la vitalidad y energía que siempre la caracterizaban.
Nanette se acercó.
Camila levantó la vista.
—Te pedí un jugo de naranja natural. Siéntate.
Nanette se sentó en la silla frente a ella.
En ese momento, el mesero trajo la bebida.
Nanette dio un sorbo y se sorprendió al notar que no estaba frío.
—Pedí que no te lo trajeran frío para que no te caiga mal en el estómago —explicó Camila.
Nanette esbozó una leve sonrisa.
—Ahora sí suenas como la Camila que conocía.
Camila sonrió con amargura, moviendo lentamente la cucharita dentro de su taza de café.
—Sé que ahora mismo debo darles mucha pena.
Nanette suspiró suavemente.
—Nadie te tiene lástima, eres tú misma la que se menosprecia.
Ambas se quedaron en silencio por un momento.
Fue Camila quien rompió el hielo.
—Quería pedirte perdón. Fui demasiado dura con lo que te dije.
—No importa, ya lo superé.
Camila sintió un nudo en la garganta.
—Que digas eso me duele más que si me dieras una bofetada. Si al menos te hubieras enojado, sabría que todavía te importo.

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