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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 653

Sanatorio del Norte.

Un lugar remoto y desolado a las afueras de San Lirio. Visto desde fuera, realmente parecía un centro de retiro espiritual y rehabilitación.

Había jardines verdes, instalaciones modernas para hacer ejercicio y personal aparentemente profesional.

Pero el interior era una historia completamente distinta.

Los pasillos eran lúgubres, las paredes y los pisos estaban desgastados y despintados, todo bajo una gama de colores monótonos y deprimentes, muy al estilo de un hospital de antaño.

Las ventanas de algunas habitaciones estaban soldadas, cubiertas con cortinas pesadas que bloqueaban casi toda la luz natural. Además, cada cuarto contaba con una cámara para vigilancia las veinticuatro horas.

Silvio se tocó la nariz con asco. Odiaba el olor penetrante a desinfectante mezclado con alcohol que impregnaba el lugar, y aborrecía aún más los gritos repentinos y balbuceos enloquecidos que provenían de las habitaciones.

Llevaba apenas unos quince minutos ahí y ya no lo soportaba. Si alguien tuviera que pasar toda su vida en este sitio, lo raro sería no perder la razón.

Sin embargo, Silvio no sentía la más mínima lástima por la mujer que tenía enfrente.

Aún recordaba claramente la bofetada que le había dado, destrozando su dignidad como hombre.

—Srta. Camoso, firme estos dos documentos.

Si alguien no lo viera con sus propios ojos, jamás creería que esa mujer de cabello enmarañado, rostro pálido, ojos apagados y mirada perdida, era la otrora orgullosa heredera de la familia Camoso.

Afortunadamente, su mente aún estaba lo suficientemente clara para reconocer los papeles que Silvio sostenía en sus manos.

Un acuerdo de cesión de bienes y un acuerdo de divorcio.

Yolanda escondió las manos detrás de su espalda con fuerza, sus ojos enrojecidos brillaban de pura desesperación.

—¡¿Por qué?! ¡Dime por qué! ¡¿Por qué Galileo me está haciendo esto?!

Silvio respondió con frialdad: —¿Y todavía tienes el descaro de preguntar por qué? ¿Acaso no sabes lo que Luis Camoso y tú le hicieron al Presidente Godoy?

—¡No... no lo sé! ¡No sé de qué hablas! —Yolanda comenzó a gritar, como si su mente estuviera colapsando—. ¡No sé nada! ¡Yo no sé nada!

Silvio se inclinó ligeramente. —¿Te suena el nombre Thiago Treviño?

Yolanda se estremeció violentamente, aterrorizada.

—¡No lo conozco! ¡No sé quién es esa persona!

Silvio soltó una carcajada cargada de burla.

—Vaya que eres terca hasta el final.

Yolanda se abalanzó hacia él de repente y lo agarró de la ropa.

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