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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 658

—Claro que me hablas, pero es como si no lo hicieras. Traes una cara tan seria que parece que te debo millones de pesos.

—Tú no me debes dinero, soy yo quien está en deuda contigo.

Justo en ese momento pasó un empleado, por lo que Nanette tomó un poco de distancia rápidamente.

—Sr. Cortés. Vicepresidenta Larco.

Ambos asintieron al mismo tiempo a modo de saludo.

Noel recobró su semblante profesional.

—Vicepresidenta, por favor venga a mi oficina en un momento. Tengo un asunto importante que tratar con usted.

Y sin más, siguió su camino.

Nanette tuvo que esforzarse para no reírse.

Apenas él cruzó la puerta de su oficina, Nanette tocó suavemente un instante después.

Nadie respondió.

Iba a tocar otra vez cuando, de golpe, la puerta se abrió. Una mano fuerte la sujetó del brazo, tiró de ella hacia el interior y cerró.

En un parpadeo, terminó acorralada contra la pared.

Nanette curvó los labios en una sonrisa desafiante.

—¿Aún sigues molesto?

La nuez de Adán del hombre se movió con pesadez.

—¿Sabías que estaba molesto?

—Por supuesto. Y también sé exactamente por qué lo estabas.

La mirada de él se encendió, volviéndose intensa y abrasadora.

—¿Por qué?

Nanette sonrió como una astuta zorra.

—Por culpa de Galileo, obvio.

Él acercó su rostro lentamente hasta detenerse a un milímetro de los labios de ella.

—Fueron a tomar un café juntos... Y también... ¿qué más hicieron?

Nanette trataba de contener la risa.

Pero en el fondo, le dolía el corazón al verlo así, tan inseguro y vulnerable, atormentado por no saber qué había ocurrido.

Decidió no torturarlo más.

—Fui a buscarlo porque Irene me lo suplicó. Era por el niño, el de Yolanda Camoso. Galileo quería arrancarlo de raíz, e Irene no quería que una criatura inocente pagara con su vida. Así que me rogó que hablara con él. Cuando estaba guardando mis cosas estuve a punto de caerme, y él solo me sostuvo para evitar que me lastimara. Eso fue todo.

—¿Fuiste a hablar con él, y aceptó dejar al niño en paz?

—Sí, aceptó.

—Y el arreglo de flores de esta mañana... ¿también fue de él?

—Así es.

Noel se quedó en absoluto silencio por unos segundos, y una tormenta silenciosa comenzó a gestarse en sus ojos.

—Parece que él todavía siente...

No pudo terminar la frase. Sus labios fueron sellados de inmediato.

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