Y ahora, como por arte de magia, no solo se había convertido en una ejecutiva de alto nivel, sino que también era la Vicepresidenta de Nube Alta. Hasta los funcionarios del gobierno municipal la llenaban de elogios y le decían a Eloísa la suerte que tenía de tener una hija tan extraordinaria.
Esto realmente había tomado a Eloísa por sorpresa.
Jamás se imaginó que su juicio estuviera tan errado. La niña que crio por más de veinte años no resultó ser un caso perdido, sino un diamante en bruto.
Pero el orgullo de Eloísa jamás le permitiría admitirlo en voz alta.
—¡¿Por qué habría de arrepentirme?! Si logró esconder su talento todos estos años sin que me diera cuenta, es porque es una calculadora manipuladora. En cambio, tú eres tan transparente que pareces tonto. ¡Si tuvieras la mitad de su cerebro, ya te habría entregado las riendas de la familia!
Félix esbozó una sonrisa traviesa.
—Ya que soy un inútil, ¿por qué no haces que mi hermana se case conmigo? Así se convertiría en la nuera de la familia Larco y alguien capaz manejaría la empresa.
Eloísa se puso roja de la ira y le dio un puñetazo en el brazo.
—¡Vuelve a decir una estupidez como esa y te rompo la cara! ¡Es tu hermana! ¡¿Acaso perdiste la cabeza?!
Félix se frotó el brazo adolorido.
—Igual no es mi hermana biológica.
—¡Eso no importa! ¡Si la gente llega a enterarse, seríamos el hazmerreír de la ciudad! ¡¿Acaso no ves cómo todo el mundo murmura a espaldas de la familia Godoy?!
Que si el hermano mayor cometió incesto con la cuñada, que si la cuñada sedujo al hermano de su esposo, que si el hermano mayor codiciaba a la cuñada y por eso mató a su propio hermano...
Había rumores de todo tipo.
Y a cuál más asqueroso.
Los escándalos de la familia Godoy se habían convertido en el entretenimiento favorito de la alta sociedad.
Eloísa, todavía alterada, le lanzó una advertencia letal a su hijo.
—¡Félix Larco! ¡Te daré lo que quieras, pero esto está estrictamente prohibido! ¡Ustedes dos solo pueden ser hermanos! ¡Nada de relaciones enfermas y retorcidas! ¡¿Me escuchaste?!
Félix dejó escapar un gruñido desde el fondo de su garganta, con el rostro lleno de frustración.
¡Hmpf!
Lo decía como si bastara con desearlo para que su hermana quisiera casarse con él.
***
No había conducido ni diez minutos cuando el auto se descompuso.
Nanette suspiró con frustración.
Definitivamente, hoy no era su día para salir de casa.
Llamó al seguro y le informaron que enviarían una grúa, pero que tardaría al menos una hora en llegar.

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