Él solía aguantar bastante bien el alcohol, pero ese día había bebido más de la cuenta.
Venancio dejó escapar un largo suspiro.
—Está intentando ahogar sus penas en alcohol.
—Le cuesta mucho dejarlo ir. Lo que pasó antes ya era difícil, y luego... —comentó Xavier.
Y luego, Iris Herrera lo dejó...
Justo cuando estaban a punto de casarse.
Un golpe de ese nivel destrozaría a cualquiera.
El simple hecho de que se mantuviera en pie ya era todo un milagro.
—Se está matando trabajando —añadió Venancio—. Aparte de querer pagarle el favor a Nanette, en el fondo lo que busca es anestesiarse a sí mismo.
»Hay que admitir que, gracias a él, Nube Alta va viento en popa. Todo está en orden y siguen avanzando con fuerza. En poco tiempo, a la competencia no le va a quedar de otra más que mirar cómo muerden el polvo.
Se pierden algunas cosas.
Pero se ganan otras.
Los golpes que le dio la vida lo lanzaron directo al abismo.
Pero también le dieron la oportunidad de salir de él.
Solo rasgando el capullo se puede nacer como mariposa.
Valeria estiró la mano, intentando tocarle la cara enrojecida a Gael.
Una sola mirada de Noel bastó para hacerla retroceder aterrada.
Entonces se escuchó la voz de Félix murmurando entre dientes.
—Muy jovencita de edad, pero bastante traviesa de pensamiento.
Valeria, indignada, intentó justificarse:
—¡Qué dices! ¡Solo quería asegurarme de que de verdad estuviera inconsciente!
Félix resopló con desdén.
—Con lo tirado que está, ¿todavía te quedan dudas? ¡Puras excusas!
Valeria infló los mofletes, furiosa.
—¡Tú lo que tienes es que no me aguantas! ¡En tus ojos todo lo que hago está mal!
—Tú lo has dicho —le soltó él.
Valeria se quedó sin habla.
¡Qué insoportable!
¡Qué odioso!
La cena llegó a su fin.
Venancio cargó a Gael sobre su espalda, mientras Zulema lo seguía de cerca como una niña buena.
—Ya llegó el chofer, yo me encargo de llevarlo a su casa —anunció Venancio.
—Avísame cuando lleguen —pidió Nanette.
—Mm —asintió Venancio.
El siguiente en irse fue Xavier.
Valeria se quedó parada sin moverse un milímetro.
Nanette, dándose cuenta de lo que tramaba, intervino.
—Félix, lleva a Valeria a su casa.
A él no le hizo ninguna gracia la idea.
—¿Qué, no puede pedir un taxi ella sola?

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