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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 724

Gracias a los cuidados, la pequeña Tina se había recuperado bastante bien. Nanette se aseguró repetidamente con el médico y, solo cuando este le dio el visto bueno, aceptó que Tina empezara a ir a la escuela.

Al pensar que al día siguiente iría a clases, Tina estaba tan feliz que no sabía qué hacer consigo misma y corría de un lado a otro preparando su mochila.

El perrito, Bocadillo, debió percibir la emoción de su pequeña dueña, porque la seguía por todas partes moviendo la cola.

Nanette le había consultado a Tina, y decidió inscribirla como estudiante externa.

Sin embargo, eso suponía un problema con el transporte diario.

Nanette pasaba la mayor parte de su tiempo enfocada en el trabajo; el robot de rescate y emergencias estaba en pleno desarrollo y exigía mucha atención.

Y Melba ya era una señora mayor; Nanette no quería someterla a tanto ajetreo diario.

—Tía Nanette —dijo Tina—, yo puedo ir y venir de la escuela solita. De todos modos, hay un autobús directo y el trayecto solo toma unos veinte minutos.

Pero Melba no estaba para nada tranquila con esa idea.

—Yo puedo llevar y traer a Tina, señorita Nanette. Míreme, tendré mi edad, pero estoy fuerte como un roble. No hay ningún problema en que yo me encargue de la niña.

La madurez de Tina era conmovedora.

—Abuela Melba, tía Nanette, antes yo iba a la escuela y regresaba sola todos los días, y también me quedaba sola cocinando y haciendo mis tareas. De verdad puedo hacerlo solita. No se preocupen por mí. No quiero ser una carga y hacerlas trabajar más por mi culpa.

Nanette le acarició la cabecita.

—El antes era el antes. Ahora tienes una familia de verdad, claro que las cosas son diferentes.

—Pero no quiero que se cansen. La abuela Melba ya está mayor, y tú estás esperando un bebé.

Melba intentó insistir un poco más.

—Señorita, por favor, déjeme a mí encargarme de llevar a Tina. No vine aquí a que me sirvan o a vivir como reina, vine a cuidar de usted.

Nanette sonrió con cariño.

—Pero yo la traje justamente para que viviera tranquila. Que me cuide es solo un detalle extra.

Melba sintió que el corazón se le ablandaba.

—Ay, señorita...

—Bueno, se acabó la discusión —zanjó Nanette—. Haremos esto: mañana mismo voy a buscar a una trabajadora en una agencia de limpieza y niñeras para que se encargue exclusivamente de llevar y traer a Tina a la escuela.

—Señorita, eso es desperdiciar dinero. Déjemelo a mí —dijo Melba preocupada.

Nanette rio suavemente.

—Melba, ¿acaso cree que soy pobre? Le aseguro que no me falta dinero.

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