Isaac miró la silueta que se alejaba lentamente hacia el estacionamiento y no pudo evitar preguntar:
—Joven amo, ¿de verdad no va a ir a saludar a la señorita Larco?
El hombre en el asiento trasero no dijo una palabra; su mirada estaba fija en la hermosa mujer que caminaba ensimismada en sus pensamientos.
La vio tan distraída, con la cabeza gacha, que por poco choca con alguien.
En ese instante, una fugaz ola de preocupación cruzó el corazón de Noel.
Esa tontita... Cuando era cuidadosa, lo era en exceso, pero cuando se distraía, realmente daba motivos para preocuparse.
Diecisiete días exactos.
Hasta ahora se daba cuenta de que los días, a veces, se tenían que contar uno por uno...
A sabiendas de que la nostalgia nubla la razón, ese anhelo ya se había enraizado en su alma.
Isaac contestó una llamada y su expresión se volvió seria.
—Joven amo, Hugo me informó que Logística Viento Dorado también está participando en esta licitación, y es muy probable que se conviertan en nuestros competidores finales.
»Hugo también se enteró de que esta noche, Galileo Godoy cenará con el encargado de la licitación.
Logística Transoceánica y Viento Dorado eran ahora los dos gigantes logísticos de San Lirio, y la competencia entre ambos era feroz.
Después de todo, no puede haber dos gallos en un mismo gallinero; todos querían ser el líder supremo y controlar todo el mercado logístico de la ciudad.
Noel había tomado las riendas de Transoceánica de manos de Joaquín Cortés.
Mientras que el jefe de Viento Dorado era Galileo Godoy.
Tras la muerte de Luis Camoso, las acciones del Grupo Logístico Camoso se desplomaron, y el pánico se apoderó de los empleados.
Justo cuando todos pensaban que la empresa se desmoronaría por completo, Galileo la tomó rápidamente y, en tiempo récord, le cambió el nombre y reestructuró al personal.
Las cartas que antes parecían arruinadas, ahora estaban ordenadas en las manos de Galileo.
Había que admitirlo: el hijo mayor de la familia Godoy tenía sus buenos trucos.
Al ver que el auto ya se había alejado de la escuela, Noel apartó la mirada. Se recostó ligeramente en el asiento, cerró los ojos a medias y habló con una voz profunda, teñida de una fría indiferencia:
—Esta noche, nosotros también iremos a disfrutar del espectáculo.
***
Después de irse de la escuela, Nanette pasó primero por la agencia de empleos.
Por suerte, había una señora buscando trabajo. Tenía buena apariencia y, tras conversar un rato con ella, Nanette decidió contratarla.
Para cuando llegó al hospital, ya era por la tarde.
Acostada en la camilla de la sala de ultrasonido, al escuchar los latidos fuertes del bebé, la respiración de Nanette se volvió nerviosa.
El médico le aseguró que el bebé estaba muy sano.

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