—Dígame —respondió Isaac.
—¿En qué está tan ocupado Noel últimamente? Escuché que incluso viajó a Puerto Alba un par de veces.
Isaac ya tenía preparada una respuesta.
—Don Joaquín le delegó todas las responsabilidades del clan. El señor está desbordado de trabajo. Sobre los viajes a Puerto Alba, allá también surgieron problemas urgentes que debía resolver, y de paso visitó la tumba de su madre.
Para darle más credibilidad, añadió:
—Señorita Zamora, los negocios de su familia están bajo el control de su hermano, así que usted es muy afortunada. No tiene idea de lo complicado que es el mundo corporativo. A veces surgen crisis que exigen trabajar días enteros sin dormir. El señor Cortés tiene tantos asuntos pendientes que ni siquiera ha podido ir a Nube Alta. Usted sabe mejor que nadie que su verdadera pasión es la tecnología, pero por el deber familiar, ha tenido que hacer ese sacrificio.
—Con razón... —murmuró Jovita, recordando—. Lo noté algo demacrado. ¿Se ha estado desvelando mucho?
—Sí, así es.
Jovita sintió una punzada de compasión.
—Tú eres su asistente, deberías ayudarlo más para aligerarle la carga. No dejes que se agote demasiado, y recuérdale que descanse.
Isaac asintió vigorosamente.
—Lo sé, señorita Zamora. No se preocupe, cuidaré bien de mi jefe.
Solo cuando Jovita desapareció de su vista, Isaac soltó el aire retenido y fue a reprender a la secretaria.
—¡Te advertí mil veces que no dejaras entrar a nadie!
La secretaria, al borde del llanto, se defendió:
—No me dio tiempo de detenerla...
—¿No te dio tiempo o te dio miedo?
Ella jugaba nerviosa con sus dedos.
—Me dio miedo...
Isaac suspiró profundamente.
No podía culparla.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó