En Residencial Los Pinos...
El vapor llenaba el ambiente. Isabella Ruvira estaba sumergida en la bañera, acariciando la espuma con sus pálidas muñecas y creando suaves ondas en el agua.
Sostenía una tableta en sus manos, en la que observaba la transmisión de las cámaras de seguridad de la entrada.
Vio cómo aquel auto se detenía frente a la casa y una figura bajaba de él.
Poco después, el timbre comenzó a sonar con insistencia.
A juzgar por la agresividad con la que presionaban el botón, dedujo que estaba furioso.
Los labios rojos de Isabella se curvaron en una sonrisa maliciosa. Se levantó sin prisa, escurriendo agua a su paso.
Se quitó los restos de espuma y se puso una bata de seda que colgaba del estante.
Al abrir la puerta, notó que había comenzado a lloviznar. El hombre que estaba frente a ella tenía los hombros cubiertos de fina humedad.
Se recargó despreocupadamente en el marco de la puerta. Las gotas de agua que escurrían de su cabello oscuro comenzaban a humedecer la seda de su bata.
—¿A qué debo el honor de tu visita a estas horas de la madrugada, hermanito?
Adrián frunció el ceño, clavando sus oscuros ojos en ella.
—¿A quién viste recientemente?
«¿A quién vi?», pensó ella.
Isabella frunció los labios como si tratara de hacer memoria, y luego le dirigió una mirada lánguida.
—¿De verdad viniste porque te preocupas por mí?
—Te pregunté a quién viste recientemente —repitió con frialdad.
Al verlo tan exasperado, ella soltó una risita.
—No he visto a nadie. ¿Acaso no me dijiste que me portara bien durante estos días?
El pecho de Adrián subía y bajaba con rapidez. Ella se puso de puntillas, acercándose a su rostro, y olfateó suavemente.
—¿Tomaste alcohol? ¿Viniste a buscarme para abrirme tu corazón después de unos tragos?
Levantó la vista hacia el cielo y luego retrocedió medio paso.
—¿Planeas quedarte hablando bajo la lluvia? No digas que no te avisé, pero tengo cámaras en la entrada. Si el tema es muy delicado, será mejor que pases.
Adrián levantó la mirada hacia el pequeño foco rojo que parpadeaba sobre el techo del pórtico, y entró.
—¿Fuiste tú quien habló sobre el matrimonio arreglado con la familia Salas?
—¿Familia Salas?
Isabella caminó hacia el minibar, sirvió dos copas de vino tinto y le ofreció una.



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