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No Ruegues, No Sirve romance Capítulo 137

Faltaban apenas dos días para la gran final. Todos los participantes ya habían enviado la documentación y los bocetos de sus diseños al comité organizador, quienes se encargaron de archivarlos.

Cuando la noticia del violento accidente automovilístico de Julia llegó al comité, el personal la llamó de inmediato para verificar su estado y conocer los detalles.

Julia les dejó muy claro que, a pesar de todo, su intención seguía siendo competir.

Los organizadores le aseguraron que reportarían su situación a la junta directiva para intentar buscar una alternativa viable.

Con esa promesa, Julia sintió un ligero alivio.

Recostada en la cama del hospital, observaba con serenidad a los pajaritos saltar entre las ramas de los árboles al otro lado de la ventana.

Cantaban alegres y libres.

Esa mañana, un agente de la policía había pasado a verla para informarle formalmente cómo ocurrió el accidente y hacerle algunas preguntas rutinarias.

Le aseguraron que el caso se investigaría hasta las últimas consecuencias y que el culpable pagaría ante la ley.

Cualquier novedad se la notificarían de inmediato.

Adrián había sugerido que el equipo legal de su empresa interviniera, pero Julia consideró que era exagerado movilizar tantos recursos, así que le pidió a Diana que contactara a su amigo, el Abogado Cortés, para que llevara el caso de forma privada.

—¡Mírate nomás quién vino a verte! —anunció la voz entusiasta de Diana desde la puerta.

Julia giró la cabeza y vio una figura impecable en bata blanca. Arqueó una ceja, genuinamente sorprendida.

—¿Doctor Perea?

El Dr. Rafael Perea, con su característico trato amable, entró detrás de Diana.

Julia fue la primera en hablar:

—¿Qué hace por aquí? Creí que trabajaba en el hospital de la universidad.

Rafael asintió con cortesía y le sonrió con calidez.

—El Hospital Universitario San Lucas es la principal sede clínica de nuestra universidad. Venimos cada semana para guiar a los residentes en las rondas. Me crucé con Diana en el pasillo y fue así como me enteré de tu accidente.

Su mirada se posó en el rostro pálido de Julia, reflejando una profunda preocupación.

Julia le devolvió la sonrisa para aligerar la tensión.

—Qué pequeña es la ciudad. Bueno, al menos saber que el doctor Perea trabaja aquí me hace sentir que estoy en buenas manos.

Los ojos de Rafael se iluminaron al verla sonreír.

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