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No Ruegues, No Sirve romance Capítulo 139

—Me enteré de que tu esposa sufrió un accidente. Espero que no sea nada grave.

En la sala de la casa de la familia Santana, German estaba sentado frente al señor Santana, Ignacio.

El hombre mayor mantenía esa fachada de caballero amable y compasivo, como un lobo disfrazado de oveja.

German bajó la mirada, ocultando el destello frío en sus ojos.

—Acaba de salir de cirugía. Aún le faltan un par de semanas para que le den el alta. Agradezco su preocupación, señor Santana.

Sentada a un lado en el sofá, Sofía mantenía las manos apretadas desde que German llegó.

Miraba de reojo el rostro del hombre, buscando alguna señal de enojo, pero él se veía igual que siempre.

«Esa estúpida de Gisela», pensaba Sofía. Le ordenó vigilarla, y casi termina matándola.

Si Julia hubiera muerto, German habría removido cielo y tierra hasta encontrar al culpable.

Y si el rastro llegaba hasta ella...

Pero intentó calmarse. Apenas ocurrió el accidente, ella había llamado a Gisela para amenazarla usando a su hijo.

Gisela no tendría las agallas para delatarla.

Además, el choque fue un arranque de ira personal de Gisela, ¿qué tenía que ver ella con eso?

Si no fuera porque ella le tendió la mano, Gisela no sabría ni dónde caer muerta.

—¿Pero cómo pasó algo así? —intervino Sofía—. ¿Fue culpa del otro conductor?

Al escucharla, German tomó la taza de té, dándole un sorbo lento mientras borraba cualquier atisbo de hostilidad en su rostro.

—¿Ya atraparon al culpable? —insistió ella.

German clavó sus ojos en Sofía, y su voz se volvió más profunda:

—Ya la atraparon.

Sofía forzó una sonrisa aliviada.

—Qué bueno, me alegro de que se haga justicia.

Al ver cómo los dedos de la mujer se contraían por los nervios y luego se relajaban, German apartó la mirada lentamente.

El silencio en la sala era denso, cada uno atrapado en sus propios cálculos.

German rompió la tensión cambiando de tema.

—Es una lástima. Parece que la sociedad entre Inversiones Zamora y la corporación Watson se vendrá abajo.

El señor Santana levantó una ceja, luego sonrió con fingido consuelo.

—La familia siempre va primero. Los negocios pueden hacerse en cualquier momento.

German le dedicó una media sonrisa cargada de ironía.

—Tiene usted toda la razón.

Mientras conversaban, un hombre entró por la puerta principal.

Capítulo 139 1

Capítulo 139 2

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