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No Ruegues, No Sirve romance Capítulo 82

—Cásate y ten un hijo, y las acciones que tengo serán tuyas. Para entonces, serás el sucesor absoluto de la familia Ruvira.

El sucesor absoluto de la familia Ruvira.

Tener el control de la familia Ruvira equivalía a poseer la mitad de Puerto Esperanza.

Con solo casarse con una mujer y tener un hijo, todo eso... los contactos, los recursos y el poder absoluto... serían suyos.

Eran unas condiciones realmente tentadoras. Nadie en su sano juicio se negaría.

Mientras que las personas de afuera se rompían la cabeza tratando de demostrar sus habilidades y astucia, aquí a él solo se le exigía casarse y procrear.

¿Acaso esos eran los privilegios de ser el hijo biológico?

Adrián resopló y le preguntó:

—¿Cambiar tu enorme imperio por un matrimonio y un hijo?

—Sí.

Adrián soltó una carcajada, se levantó, se abotonó el saco y caminó hacia la puerta.

Al tocar la manija, giró la cabeza y dijo en un tono extremadamente suave:

—Ese imperio que perseguiste toda tu vida y del que te sientes tan orgulloso, para mí no es más que basura. ¿De verdad crees que me importa?

La puerta se cerró. El sonido del metal encajando retumbó en la habitación.

El hombre en la cama seguía con los ojos clavados en el techo, y una leve sonrisa se dibujó en sus labios, con una profunda certeza en la mirada.

***

Julia Silva había quedado para almorzar con un cliente. Apenas se había sentado cuando vio entrar a unas chicas por la puerta principal.

Eran del despacho de presidencia del Grupo Zamora.

Como antes solía ir a llevarle cosas a German Zamora, ya las conocía de vista.

Al ver que se acercaban, Julia giró ligeramente la cabeza. Las chicas tomaron asiento en la mesa contigua a la suya.

—Ay, pobre Sra. Zamora. Una persona tan dulce y atenta, y resulta que le ponen los cuernos.

—Totalmente. Creo que la Sra. Zamora le da mil vueltas a esa Srta. Santana, tanto en porte como en belleza. La tal Sofía parece una niña jugando a ser grande.

Julia, que estaba removiendo su café, no pudo evitar sonreír levemente. No esperaba que alguien allí la defendiera.

Tampoco le sorprendía que Sofía lograra entrar a la empresa.

German Zamora era un hombre que separaba estrictamente lo personal de lo profesional y era sumamente riguroso en el trabajo. Siempre había detestado el nepotismo, e incluso cuando algún amigo cercano intentaba enchufar a alguien, él lo rechazaba sin piedad.

Últimamente, Sofía y Beatriz Zamora eran inseparables, así que lo más probable era que Beatriz hubiera movido los hilos para meterla.

Supuso que todo se derivaba del encuentro casual en el supermercado de hace unos días; Beatriz pensó que Julia no tenía clase y decidió que Sofía entrara oficialmente al territorio de los Zamora.

Julia asintió para sí misma, apoyando por completo la brillante estrategia de Beatriz.

Sí, que cultiven el romance de una buena vez. Así, cuando llegue el momento de firmar los papeles de divorcio en un mes, todo será más rápido y fluido.

Bien por ti, bien por mí, bien por todos.

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