Como era de esperarse, Beatriz Zamora era de las que no perdonaban ninguna ofensa.
Después de comer con el cliente, recibió una llamada de Lucía. Le informó que una señora de apellido Zamora estaba en el estudio y exigía verla.
Cuando Julia llegó conduciendo, vio vestidos de muestra tirados por todo el sofá de la sala de recepción. Al ver a su salvadora, Lucía se acercó a toda prisa.
—¿Dónde está?
Lucía señaló hacia los probadores.
—Lleva aquí más de una hora quejándose de esto y de aquello.
Lucía se consideraba una persona que había lidiado con clientes difíciles, pero nunca había visto a alguien tan insufrible.
Julia le entregó su bolso y le palmeó el hombro.
—Yo me encargo. Ve a preparar un par de vasos de té helado.
Sabía perfectamente que Beatriz había ido hasta allá con el único propósito de amargarle la vida. Si no daba la cara, la mujer sería capaz de hacer un escándalo todo el día y arruinar el flujo de trabajo del taller.
La puerta del probador se abrió, revelando un vestido largo oscuro de media manga que resaltaba su tez luminosa. Aunque llevaba zapatos planos, su figura lucía impecable.
Al ver a Julia de pie a un lado, Beatriz resopló con desdén.
—¿Por fin regresó la mujer ocupada?
Julia ignoró por completo sus comentarios venenosos.
Se acercó para ayudarle a arreglar los dobleces del vestido y luego tomó un chal de un estante cercano.
—Esta prenda combina mucho mejor con este accesorio.
Se paró frente a ella, la observó detenidamente y reflexionó en voz alta:
—Usted tiene una tez de porcelana, una figura envidiable y el peinado de hoy le da un aire elegante. Siento que este tono rosa ceniza le favorecería mucho más.
Luego asintió con convicción:
—No tiene que limitarse a usar colores apagados u oscuros por cuestiones de edad. Los estilos pesados y antiguos pueden ser muy restrictivos.
Aunque Beatriz rondaba los cincuenta, se conservaba de maravilla. Estudió danza clásica desde niña y en su juventud fue la bailarina principal del Ballet Nacional. Aunque llevaba años alejada de los escenarios, su postura y elegancia seguían intactas.
Los dedos de Julia se detuvieron. Por un momento pensó que había escuchado mal.
¿German Zamora de verdad la había defendido y desafiado a Beatriz?
Era cierto que tenía interés en asistir a la gala, pero si tenía que ir acompañada de él, prefería pasar.
Estaba pensando qué excusa inventar para rechazarla cuando Beatriz se le adelantó.
—Sin embargo, creo que Sofía encaja mucho mejor que tú en este tipo de eventos.
Julia levantó la mirada.
Beatriz continuó:
—Sofía acaba de volver del extranjero y ya entró a la empresa del grupo. Asistir a esta gala le ayudará a hacer contactos importantes. Y como sabes, ella es mucho más compatible con German y con este ambiente que tú.
El mensaje entre líneas era claro: ella y German no pertenecían a la misma clase social y, por ende, nunca podría encajar en su mundo.
Eso era algo que Beatriz le había estado repitiendo desde el mismo instante en que cruzó la puerta.

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