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No Ruegues, No Sirve romance Capítulo 94

¡Vaya!

Adrián Silva sí que sabía cómo jugar sus cartas.

[Si te sientes incómoda, también podemos decirle a Diana que venga con nosotros.]

Con una invitación tan flexible, rechazarlo parecía un berrinche innecesario.

Dudó un instante, pero finalmente aceptó.

Tras despedirse por chat, volvió a sumergirse en su trabajo.

De la nada, aquel misterioso fan que no le escribía hace tiempo, le mandó un mensaje.

[Señorita Silva, nos vemos en un par de días.]

Sin entender a qué se refería, Julia se limitó a darle una respuesta educada y breve.

***

Puerto Esperanza — La mansión.

Adrián guardó su teléfono en el bolsillo y, al voltear, se topó con Isabella Ruvira recargada en el marco de la puerta.

La mujer lo miraba con una sonrisa ladina. Por su expresión, era evidente que había presenciado toda la escena.

Sin ganas de tolerarla, él se dio la vuelta para bajar las escaleras.

Justo al pasar por su lado, ella murmuró:

—Esa señorita Silva sí que es tu debilidad. Jamás había visto a mi querido Adrián actuar con tanta ternura.

Adrián la miró fríamente.

—¿Qué quieres decir?

Isabella soltó una carcajada suave.

—Solo es un comentario inocente. No tienes que ponerte a la defensiva.

Volvió la vista hacia el ventanal.

—Pero si esa jauría allá afuera se entera de su existencia... ¿qué crees que le harían a tu preciada niña?

La comisura de los labios de Adrián se curvó ligeramente. Su mano subió con lentitud y acarició la mejilla de la mujer, bajando hasta rodearle el cuello.

Y la sujetó con una presión amenazante.

Detrás de sus lentes dorados destelló un instinto asesino.

—Ellos jamás se enterarán.

Esos infelices no tenían forma de conocer su vida en la ciudad.

—¿Recuerdas esa noche, Adrián? Cuando me abrazabas, me besabas y lo hacíamos una y otra vez...

Pero incluso en la pasión, él pronunció un nombre.

Juli.

¿Acostarse con ella mientras gemía el nombre de otra mujer?

Isabella mandó a investigar y la encontró. Julia Silva, la hija de la familia que lo había adoptado.

Si ambas eran como sus hermanas, ¿por qué no podía amarla a ella?

Isabella sabía por qué Adrián se había acostado con ella. Quería poder. Quería trepar en la jerarquía familiar para destruirlos a todos.

O quizás... solo quería la influencia suficiente para volver a ver a esa mujer.

Él sabía que Isabella estaba enamorada de él, y usó eso a su favor.

A pesar de saber que la utilizaba, ella se entregó sin reservas.

Si ser su escalón era la única forma de tenerlo, al menos servía para algo.

Adrián miró el rostro lloroso de Isabella, levantó la mano para limpiar una lágrima de su mejilla y le dijo en un tono sereno, pero letal:

—En lugar de ladrar estupideces aquí, mejor usa tu ingenio para convencer al viejo de cancelar el matrimonio arreglado.

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