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No Tan Bruja (Nina y Maximo) romance Capítulo 1032

—Pierda cuidado, señor Dávila. Con usted dándome el ejemplo por delante, la quiebra de la familia Villalobos no debería estar muy lejos.

—Por otro lado, respecto a Nina y a mí, con la red de información del señor Dávila, imagino que ya se habrá enterado.

—La boda está programada para el día seis del próximo mes, y la recepción será en este mismo hotel. Bienvenido sea, señor Dávila, a acompañarnos ese día.

Benito miró fijamente a Máximo y soltó de la nada:

—Te pareces mucho a Simón.

Máximo se tensó, sorprendido de que Benito mencionara a Simón frente a él.

Pero la siguiente frase de Benito dejó a Máximo sin palabras:

—Los dos son igual de molestos.

Máximo no supo qué responder.

¿Así de fácil había entrado en la lista negra de su cuñado?

Benito miró la hora y se levantó.

—Tengo un vuelo a las cinco. Me voy.

Máximo también se puso de pie.

—¿El señor Dávila regresa a San Juan de la Costa?

Benito no lo admitió ni lo negó.

Volvió a mirar hacia la habitación donde dormía Nina, dejó un «Cuídala bien» y salió sin mirar atrás.

Nina despertó cuando ya había oscurecido.

Máximo estaba sentado ante el escritorio frente al ventanal, revisando las noticias del día. Al escuchar ruido del lado de Nina, cerró su computadora portátil.

Caminó hacia la cama, le pasó un vaso de agua tibia y bromeó:

—Y decías que no tenías sueño. Te aventaste una siesta de cinco horas.

Nina tomó el vaso y bebió unos tragos. Al notar que el ambiente estaba muy tranquilo, preguntó:

—¿Y mi hermano?

Máximo se sentó al borde de la cama.

Su regreso esta vez se debía, en primer lugar, a que el trabajo de limpieza en el extranjero había terminado. Y en segundo lugar... porque Máximo había anunciado oficialmente la boda.

Benito sabía que ella y Máximo tenían un destino entrelazado, y conocía la relación entre Máximo y Simón.

Si había venido a Puerto Neón a pedir cuentas, era simplemente porque la noticia de la boda no se la había dado ella personalmente, sino que se enteró por internet.

Para su hermano, que su hermana consentida se casara era un evento de vida o muerte que ella debía haberle comunicado directamente. Por eso, que Máximo publicara el acta de matrimonio sin su permiso hizo que Nina se enojara tanto.

Haber alborotado el avispero con su hermano significaba que, en el futuro, Benito le haría la vida imposible a Máximo.

Máximo aún no se daba cuenta de la gravedad del asunto.

—Nina, ¿cuándo piensas contarme toda la verdad sobre tu situación?

Si Benito no hubiera aparecido hoy de repente en Puerto Neón, Máximo habría seguido en la ignorancia incluso sobre el verdadero apellido de su esposa.

Nina se sintió injustamente acusada.

—Excepto que mi papá no es Gonzalo, ya sabes todo lo demás.

—Si hay algo que no sabes, seguro es porque se me olvidó, no porque te lo oculte a propósito.

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