Al mismo tiempo, Ramiro, que había recibido la orden, le dio una respuesta a Nina.
Yeray y sus hombres habían atrapado al delincuente que drogó a Alicia. Antes de que lo interrogaran, el tipo se cagó del miedo.
Cantó todo, lo que debía y lo que no.
Efectivamente, Nancy estaba detrás de todo. No solo contrató gente para violar a Alicia, sino que quería verla muerta.
No se sabía si Alicia tenía mucha suerte o si los matones eran unos inútiles.
El caso es que el plan de Nancy falló de nuevo.
Pero Alicia pagó el precio; tardó mucho en recuperarse de los golpes.
Nina no podía creer que su mejor amiga hubiera tenido una aventura de una noche con su propio hermano.
No solo durmieron juntos, sino que engendraron una vida.
Llamó a Benito de inmediato. En cuanto él contestó, Nina preguntó: —¿Dónde estabas la noche del veintisiete de febrero?
Benito, confundido, respondió:
—No me acuerdo.
Nina se desesperó. —¡Pues haz memoria!
Después de un largo rato, Benito contestó con pocas palabras: —En Puerto Neón.
Nina: —¿Dónde estás ahora?
Benito: —En Puerto Neón.
Nina estaba echando humo. —Digo ahora, en este preciso momento, ¿dónde estás?
Benito: —En Puerto Neón.
Nina estaba a punto de volverse loca con la parquedad de su hermano.
—¿No habías regresado a San Juan de la Costa después de mi boda?
Benito soltó un «Mmh».
Nina, exasperada: —¡Entonces dime dónde estás!
Benito: —En Puerto Neón.
Nina: —¿Y qué haces en Puerto Neón?
En realidad quería preguntarle por qué, si estaba en la ciudad, no le había avisado a su hermana.
¿Acaso no eran familia?
Luego recordó que su hermano nunca seguía las reglas, así que preguntar era inútil.
Benito respondió por teléfono: —Buscando a una persona.
Para Alicia, Benito era un desconocido.
Pero para Benito, ver a Alicia despertó los recuerdos de esa noche.
—¡Eres tú!
Alicia miró a Nina con confusión. —¿Quién es él?
Nina: —¡Mi hermano!
Y luego añadió: —Y también el papá del bebé que esperas.
Alicia se quedó muda, paralizada.
¿Qué estaba pasando?
Benito arqueó una ceja y le preguntó a Alicia: —¿Estás embarazada?
Alicia seguía en shock. —Ah, creo que sí.
Nina intervino: —Hermano, sobre este asunto…
Benito caminó con sus largas piernas hacia Nina y le dio unas palmaditas en el hombro.
—Tú salte. Voy a hablar a solas con ella.

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