Nina quiso mediar, pero Benito la miró con una autoridad que no admitía réplicas. —Obedece.
Justo en ese momento, llamó Máximo, así que Nina tuvo que salir.
Antes de irse, le advirtió a Benito: —Alicia es mi mejor amiga. Si te atreves a hacerle algo, te las verás conmigo.
Salió rápido y contestó la llamada de Máximo.
—Sí, estoy en el hospital. Alicia tuvo un problema y la cosa está complicada. ¿También vienes? ¿Dónde estás?
Poco después de salir de la habitación, Nina vio a Máximo y a Yeray acercándose a paso veloz.
Máximo estaba preocupado por el estado de su esposa.
—Me enteré de lo de Alicia. ¿Cómo está?
Preocupado de que Nina se cansara de estar parada, la llevó a la zona de descanso.
Una vez sentados, Nina le contó todo.
Al saber la razón por la que Alicia no pudo ser dama de honor, Máximo también sintió ganas de matar a Nancy por su infamia.
Apenas digería esa noticia cuando le soltaron que Alicia estaba embarazada y que el padre era Benito.
¿Cómo podía haber tanta coincidencia en el mundo?
—¿Qué hace tu hermano en Puerto Neón?
Nina se tocaba la sien, con dolor de cabeza. —Dijo que vino a buscar a alguien.
Máximo: —¿A quién?
Nina no había tenido tiempo de preguntar detalles antes de que su hermano la echara. —No lo sé.
Máximo lanzó una teoría de repente.
—¿No será posible que a quien buscaba era a Alicia?
A Nina le cayó el veinte de golpe.
Podría ser cierto.
Recordó que justo después de la boda, Benito dijo que tenía asuntos importantes en San Juan de la Costa. Pero también mencionó que volvería pronto a Puerto Neón porque tenía que encontrar a alguien.
En ese momento, Nina estaba ocupada peleando con la familia Villalobos y no le prestó atención.
Ahora que lo pensaba, tal vez su hermano realmente estaba buscando a Alicia.
Máximo rara vez veía a Nina perder la compostura de esa manera.
Parecía que los únicos que podían sacar de quicio a Nina eran los de su propia familia.
—Creo que tal vez no sea algo malo. Tú misma dijiste que Santino no era el destino de Alicia. Quizás tu hermano sí lo sea.
—Además, ya tienen un hijo de por medio, ¿no es eso una señal del destino?
—Ya, tu hermano es un adulto, sabe lo que hace y lo que no.
—En lugar de preocuparte, mejor deséales un buen desenlace.
Nina fulminó a Máximo con la mirada. —¡Qué optimista eres! Alicia ni siquiera conoce a mi hermano.
Máximo sonrió.
—La primera vez que dormiste a mi lado, nosotros tampoco nos conocíamos bien.
Nina: —Aclaremos eso, ¿quién durmió al lado de quién?
Máximo la consoló: —Yo dormí a tu lado, pero el punto es el mismo. Ya, amor, hacer corajes hace daño. Tu esposo te lleva a casa.

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