Noelia la miró con cara de frustración.
—¿Qué te pasa? ¿Ni siquiera recuerdas cuántas casas tienen?
—Hablo de esa villa vieja y destartalada en la periferia. Una vez pasamos por ahí en coche y me dijiste que tu papá la compró para que subiera de valor, pero que lleva años vacía y nadie pregunta por ella.
Con el recordatorio de Noelia, Victoria cayó en cuenta.
—Ah, te refieres a esa. Sí, es propiedad de mi familia. ¿Qué tiene?
La familia Cárdenas tenía muchas propiedades, la mayoría en zonas doradas del centro.
Esa villa estaba en un lugar apartado, vieja y descuidada; Victoria la había olvidado por completo.
—Es que… —Noelia puso una sonrisa aduladora—. El otro día hice algo que molestó a Enzo y últimamente no me hace caso. Si seguimos así, terminará cortándome tarde o temprano.
—Ya sabes, si no fuera porque la familia Rosales y la familia Salgado son amigos de toda la vida, y porque Enzo es muy obediente con sus mayores, quizás no habríamos terminado juntos.
Que Noelia persiguió a Enzo no era secreto en su círculo de amigas.
No importaba qué métodos usara, el hecho es que lo consiguió.
Victoria fingía escuchar con atención, pero por dentro se reía fríamente.
Todavía guardaba rencor por la humillación pública que sufrió en el club 1908 la última vez.
Culpaba a Noelia por echar leña al fuego y a Enzo por quedarse sentado sin hacer nada.
Pero ni con la familia Rosales ni con la Salgado se podía meter Victoria, así que tuvo que tragarse el coraje y fingir que no pasó nada.
Noelia continuó:
—Para arreglar las cosas con Enzo, quiero darle un gran regalo. Y ese regalo es la villa de la familia Cárdenas.
Victoria volvió a la realidad.
—¿Escuché bien? ¿Quieres usar una casa de mi familia para complacer a tu novio?


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