Las noticias en internet son una mezcla de verdad y mentira, y la mayoría de los reportajes son invenciones.
Pero cuando el río suena, agua lleva.
Si la familia Dávila estuviera tranquila y estable, este tipo de noticias falsas no se difundirían por la red.
Nina llamó inmediatamente a Jimena, pero no contestó.
Llamó a Andrés, y tampoco contestó.
Llamó a Benito, y seguía sin contestar.
En cuanto a Alicia, desde que se la llevó su irracional hermano, rara vez tenía el teléfono encendido.
Finalmente pensó en Cristian Dávila.
Esta vez la llamada entró.
—Hola, Nina.
La calma de Cristian era inquebrantable en cualquier momento.
Cuando Nina le preguntó si había pasado algo en casa, Cristian habló sin prisa.
—¿Pasar algo? ¿Qué cosa? Yo no sé que haya pasado nada en casa.
—No mires esas tonterías en internet, tu tarea actual es cuidar tu embarazo.
—Tengo una junta esperándome, te dejo.
Cuando Nina volvió a marcar, ya nadie contestaba.
Nina se dio cuenta de que algo andaba mal.
—Seguro pasó algo en mi casa, tengo que ir a ver.
Si sus suegros tenían problemas, Máximo, por supuesto, no se quedaría de brazos cruzados.
La pareja viajó esa misma noche a San Juan de la Costa, dirigiéndose directamente a la residencia de Nina en esa zona.
Era la primera vez que Máximo entraba en contacto con el mundo donde Nina había crecido.
La Mansión Dávila no estaba aislada; no solo se ubicaba en una zona exclusiva, sino que también ocupaba una extensión de terreno muy amplia.
Cuando la pareja llegó a la Mansión Dávila, ya eran las diez de la noche.
—¿Señorita?

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