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No Tan Bruja (Nina y Maximo) romance Capítulo 1165

Faltaba un mes para la fecha probable de parto de Nina.

Para asegurar que los bebés se desarrollaran correctamente, Nina tenía que ir al hospital para sus chequeos puntuales. Y cada vez que iba, Máximo, sin importar qué tan ocupada estuviera su agenda, insistía en acompañarla personalmente. No aceptaba un no por respuesta.

Nina no podía con la terquedad de su marido.

—No tienes que venir siempre. Si tanto te preocupa, Yeray viene conmigo.

No entendía por qué Máximo dejaba botadas juntas importantes solo para verla acostada en una camilla. No era una niña chiquita que no supiera cuidarse sola; le parecía una pérdida de tiempo.

Pero Máximo ignoraba sus protestas.

—Puedo ceder en cualquier cosa, menos en esto.

Hasta que no nacieran esos niños, él no iba a tener paz. En cuanto a las juntas, Ramiro podía dirigirlas igual de bien.

Apoyada en el brazo de Máximo, la pareja salió del elevador, seguidos por su sombra, Yeray. Apenas dieron unos pasos, se toparon con dos caras conocidas: Enzo y Nancy.

Evidentemente, Nancy también tenía cita médica. Pero comparada con Nina, que lucía radiante, con la piel lozana y ese brillo especial de las embarazadas bien cuidadas, Nancy parecía un cadáver.

Como su embarazo aún no se notaba, la ropa le colgaba de forma extraña sobre un cuerpo que había perdido demasiado peso. Su ojo dañado ahora tenía una pupila grisácea que daba escalofríos.

Cuanto más lo pensaba, más odio sentía. Y el odio le pedía sangre.

Un grupo de niños de unos tres o cuatro años venía corriendo, jugando a las traes. Al pasar cerca de Nancy, la maldad se apoderó de ella y disimuladamente le metió el pie al niño que corría más rápido.

El pequeño, que no esperaba tal vileza de un adulto, salió proyectado directamente hacia Nina.

Máximo jamás dejaría que tocaran a Nina. Se movió para interceptar el golpe, pero Nina fue más rápida. Apartó a Máximo suavemente y atrapó al niño en el aire antes de que se estampara contra el suelo o contra ella.

El niño se salvó del golpe, pero del susto soltó el llanto a todo pulmón. Los padres, que vieron la escena, corrieron hacia ellos preguntando si estaba herido y agradeciendo a Nina por sus reflejos.

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