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No Tan Bruja romance Capítulo 117

Como era de esperarse, los espectadores sintieron hostilidad inmediata hacia Úrsula.

La hija falsa no solo le robó los padres y el prometido, sino que causó que la verdadera hija sufriera en el exterior. ¡Ese tipo de persona era detestable!

Ian trató de argumentar:

—No escuchen sus tonterías, Ursi es la verdadera víctima inocente aquí.

—Le quitaron todo lo que tenía, ¿se imaginan lo triste que está?

Alguien soltó una risa fría:

—¿Se acuerdan de la frase clásica de una telenovela? La protagonista dice «Ella solo perdió una pierna, ¡pero yo perdí el amor!».

La gente estalló en carcajadas.

Esa misma persona añadió:

—Este tipo quiere decir que la hija verdadera solo perdió a sus padres y la riqueza, pero su florecita blanca perdió todo lo que nunca le perteneció.

Las risas aumentaron.

Ian se puso rojo de vergüenza y Úrsula no esperaba que la gente fuera tan desagradable.

Soltando un «son insoportables», salió corriendo llorando.

Ian se apresuró a seguirla.

—Ursi, espérame.

Mirando sus espaldas, Nina esbozó una sonrisa maliciosa.

Aprovechando que nadie veía, sacó dos agujas de su bolígrafo giratorio y las lanzó hacia la pareja.

Los dos, que corrían apresurados, cayeron de bruces como si hubieran mordido el polvo.

El golpe no fue leve; cayeron de cara, terminando con moretones y dientes volando.

La multitud no sintió lástima, al contrario, se rieron de su desgracia.

Alicia miró a Nina como preguntando: «¿Obra tuya?».

Nina le devolvió una mirada cómplice: «Adivinaste».

Ambas se sonrieron, entendiéndose sin palabras.

El gerente, temiendo meterse en problemas, mandó a los meseros a levantarlos y preguntar si querían ambulancia.

De todos los mirones, solo Victoria y Noelia sentían simpatía por Úrsula.

Ante la mirada furiosa de Victoria, Nina y Alicia se fueron riendo.

Cuando se alejaron un poco, Alicia preguntó:

—¿Qué onda con eso?

—¿Sabes por qué le pedí prestado a tu hombre para ir al crucero? —dijo Nina.

—¿Por qué?

—Porque mi hombre le dio el lugar que me pertenecía a esa mujer de hace un rato.

—¡Mierda! ¿Por qué no me dijiste antes? —exclamó Alicia.

Nina la miró sin entender.

—Me hubiera gustado darle un par de cachetadas por ti.

—Un perro y una perra no merecen que te ensucies las manos —respondió Nina.

Máximo no sabía que Nina le había puesto la etiqueta de «basura».

Nina no había vuelto a casa la noche anterior y seguía sin poder contactarla, lo que lo tenía de un humor de perros.

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